domingo, 13 de julio de 2025

Aquiles en el gineceo, de Javier Gomá

Me alegro haberme lanzado por fin con un libro de Javier Gomá que tenía pendiente desde hace tiempo: la obra había entrado en mi lista de deseos por la presencia pública del autor, habitual en medios de comunicación y redes sociales, y las raíces clásicas del tema.

Aunque el índice habla de dos partes y un epílogo, yo veo en realidad tres secciones: un primer ensayo,  de lectura amena, sobre el mito de la estancia de Aquiles en el gineceo del rey de Esciros; luego, el núcleo de la obra, donde Gomá analiza, partiendo del mito y de los estadios existenciales del hombre de Kierkegaard, cómo el individuo elige ser ciudadano de la polis en una decisión heroica; y una tercera parte en la que el autor, identificando el momento histórico donde el estadio estético tomó el protagonismo en la historia de las ideas, analiza las contradicciones de sus mayores culpables: Rosseau y Goethe. Hay un epílogo final donde Gomá deja caer dos o tres ideas que deberían servir de enlace con su siguiente ensayo de la Tetralogía de la Ejemplaridad pero que, mostrando algunos ejemplos, da a entender de manera más concreta cómo concibe la aplicabilidad de su teoría a la vida real.

Aunque he disfrutado enormemente de un libro de filosofía de lectura ágil e intelectualmente estimulante, sin sacrificar profundidad ni en sus planteamientos ni referencias, ha habido varios puntos en los que las tesis de Gomá no me han dejado satisfecho:

- Aunque hemos de asumir que el término "hombre" hace referencia a "persona", independientemente de su género, el modo en que el autor describe el paso del estadio estético al ético y las responsabilidades de ese "hombre" como ciudadano (¿ciudadana?) de la polis, parece hacer referencia a un modo masculino de enfrentar la realidad, desde la abnegación, el esfuerzo, y el autoconsumo del individuo en el deber.  No sé si una perspectiva femenina tendría los mismos matices.

- El salto heroico del ser estético, indefinido, endiosado, siempre en potencia y, por tanto, siempre perfecto, al ser ético, parte de la polis, disuelto en los deberes de la sociedad y en la necesidad de producir, supone aceptar la sustitubilidad de cada individuo, su posibilidad de reemplazo y, por tanto, de su propia mortalidad, finitud. Pero Aquiles optó, ante la disyuntiva que le planteaba el truco de Ulises, por aceptar el deber de la polis (la gran empresa de todos los griegos contra Troya), buscando su inmortalidad de verdad, la que importa: la que vive en las mentes de todos los hombres, los que vivieron con él sus aventuras, y todos los demás, ad aeternum. La inmortalidad física no es infinitud, es irrelevancia: una piedra podría considerarse inmortal, en este sentido.

Finalmente, el epílogo delinea algunas de las dificultades filosóficas que encuentra esta tesis en un mundo en el que el deber transcendente de la polis ha quedado barrido por el desprestigio de los grandes relatos políticos, el ácido corrosivo de la postmodernidad, y la entronización de la juventud, donde la autodivinización del ser estético, pura potencia, acaba siendo superficialidad y nihilismo. Ante todos estos obstáculos, Javier Gomá nos emplaza a la siguiente obra de su Tetralogía, Ejemplaridad pública, que ya está esperándome en mi periplo por el Mar Interior.

No hay comentarios: