Como con otras obras que se erigen como pilares de nuestra cultura, sé que volveré a la Eneida, sea en esta cuidada edición, o en otra. Ha sido una estación rica en estímulos en este periplo cultura personal.
El periplo de Swarrius
Pequeño e incompleto cuaderno de bitácora de mis navegaciones por el mar interior, según sus estímulos (libros y otras cosas) y fenómenos relevantes externos (viajes y otros planes).
domingo, 14 de junio de 2026
Eneida, de Virgilio
viernes, 15 de agosto de 2025
Augusto, de Augusto Fraschetti
Como en la visita ya tendría mil y una fuentes de información sobre la propia ciudad y su historia, opté por conocer algo más del contexto y, en particular, me resultaba curioso con qué información el emperador decidió fundar la ciudad allí sin haber pisado nunca su ubicación, cómo los veteranos se desplazarían allí y cómo se asentarían: algunos terrenos serían de nueva colonización, pero tantos otros, fértiles, de la vega del Guadiana ya tendrían dueños que debieron abandonarlos siguiendo las órdenes del césar. Y, a pesar de su nueva creación, cómo creció y medró hasta ser una ciudad tan importante como los monumentos nos demuestran.
Ha sido una lectura amena, prolija en algunos detalles académicos en algunos apartados, que ha aportado cosas nuevas a una escapada cultureta de fin de semana.
(No he encontrado ninguna foto del autor en internet para incluirla en el post, como suelo hacer).
domingo, 13 de julio de 2025
Aquiles en el gineceo, de Javier Gomá
Me alegro haberme lanzado por fin con un libro de Javier Gomá que tenía pendiente desde hace tiempo: la obra había entrado en mi lista de deseos por la presencia pública del autor, habitual en medios de comunicación y redes sociales, y las raíces clásicas del tema.
Aunque he disfrutado enormemente de un libro de filosofía de lectura ágil e intelectualmente estimulante, sin sacrificar profundidad ni en sus planteamientos ni referencias, ha habido varios puntos en los que las tesis de Gomá no me han dejado satisfecho:
- Aunque hemos de asumir que el término "hombre" hace referencia a "persona", independientemente de su género, el modo en que el autor describe el paso del estadio estético al ético y las responsabilidades de ese "hombre" como ciudadano (¿ciudadana?) de la polis, parece hacer referencia a un modo masculino de enfrentar la realidad, desde la abnegación, el esfuerzo, y el autoconsumo del individuo en el deber. No sé si una perspectiva femenina tendría los mismos matices.
Finalmente, el epílogo delinea algunas de las dificultades filosóficas que encuentra esta tesis en un mundo en el que el deber transcendente de la polis ha quedado barrido por el desprestigio de los grandes relatos políticos, el ácido corrosivo de la postmodernidad, y la entronización de la juventud, donde la autodivinización del ser estético, pura potencia, acaba siendo superficialidad y nihilismo. Ante todos estos obstáculos, Javier Gomá nos emplaza a la siguiente obra de su Tetralogía, Ejemplaridad pública, que ya está esperándome en mi periplo por el Mar Interior.
miércoles, 21 de agosto de 2024
Lecturas para el viaje a Japón
Acabamos de regresar de nuestro viaje en familia a Japón. Ha sido todo un acierto, teniendo en cuenta la edad de nuestra hija y su gusto por la cultura japonesa, y la necesidad de hacer un punto de inflexión para todos en mi proceso de recuperación. Es curioso cómo hacer algo tan especial como este viaje ha sido la confirmación de que podemos volver a la normalidad, aunque sea una nueva normalidad.
Para prepararme comencé a leer varios libros, cuya lectura continué durante el viaje. Varios conocidos habían visitado Japón antes de nosotros, y conocía algunos buenos podcasts y páginas web con mucha información práctica, pero no quería planificar demasiado, quería tener libertad de acción y capacidad de descubrir cosas en el camino. Además, el nuevo Ángel ya no puede ser el viajero rápido y previsor de antes: no me quedaba más remedio que tomármelo con calma, y dejar que las cosas sucedieran un poco por sí mismas, algo mi familia agradeció hasta cierto punto.
Pero vamos a los libros, que es de lo que va este blog; he aquí las lecturas con las que me preparé o me acompañaron en el viaje:
- "Breve histora de Japón", de Mikiso Hane. Ya lo comenté en una entrada anterior del blog hace unos meses. Mi primera aproximación al país, que considero muy acertada.
- "Destino Japón", de Marc Bernabé. Una guía muy bien escrita, actualizada, con buenos consejos y anotaciones pertinentes sobre historia y cultura japonesa. Me resultó, por otro lado, prolija, masiva, con un acercamiento difícil si tienes poco tiempo para dedicar a preparar el viaje. Creo que no la aproveché al máximo, y que, probablemente, otro tipo de guía, más ligera y práctica, me hubiera sido más útil. En todo caso, una obra muy recomendable para todo viajero español a Japón.
- "Una introducción a la sociedad japonesa", de Yoshio Sugimoto. Un ensayo sociológico, extenso, pero más fácil de leer de lo que parece. Hace un análisis de la sociedad japonesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la primera década del siglo XXI. A pesar de ser un libro de profunda base académica, no entorpece su narración con profusas notas al margen ni constantes referencias bibliográficas, que están al final del libro. Intenta facilitar al lector la comprensión de aspectos complejos, que incluyen diversos factores, mediante clasificaciones matriciales: por ejemplo, a la hora de describir los diferentes contextos laborales de los japoneses según el tipo de empresa y su formación académica, o las diferentes situaciones familiares que tienen las mujeres en el Japón actual. El tono del libro es de crítica constante al discurso imperante del nihonjinron, que defiende el valor diferencial, superior, de la cultura organizativa y empresarial de Japón respecto a otros países.
Me quedo con dos aspectos principales:
- La sociedad japonesa es mucho más compleja que la imagen de homogeneidad e igualitarismo que ha llegado a nosotros. Existen clases sociales definidas y grupos discriminados, como en el resto de sociedades desarrolladas.
- Todas las sociedades tienen ambigüedades y dobles raseros, pero la cultura japonesa los ha incorporado legitimándolos como dobles códigos. En concreto:
- Tatemae (principio formal, corrección política) MÁS Honne (los verdaderos sentimientos, no expresables, auténticos).
- Omote (lo aceptable públicamente) MÁS Ura (lo oculto, inaceptable públicamente, incluso ilegal).
- Soto (los que están fuera, los que no son de los nuestros) MÁS Uchi (los que están dentro, los nuestros).
- "Esto no estaba en mi libro de Japón", de Beatriz Lizana López. Una obra curiosa, escrita desde la experiencia personal de la autora, que describe y profundiza en algunos aspectos seleccionados de la sociedad y psicología japonesas. Es el libro más informal de todos los que leí: aunque entra al fondo histórico de algunos tópicos, la perspectiva de la propia autora manda en la elección de los temas y en su enfoque. Algunos puntos no los encontrarías en otras referencias: por ejemplo, lo que se gastan las parejas japonesas en las bodas. Bien es cierto que tampoco aspira a nada más, por lo que no es un mal libro que me resultó curioso leer.
domingo, 28 de julio de 2024
Transhumanismo, de Antonio Diéguez
Con el protagonismo cada vez mayor de la inteligencia artificial en nuestras sociedades, ha crecido la atención sobre el concepto de transhumanismo. Los pensadores que se pueden considerar parte de esta corriente de pensamiento, y sus reflexiones, tienen ya varias décadas de existencia; aún así, los últimos avances en ciencia informática, tecnología digital y biotecnología parece que han puesto al alcance de la mano progresos que hace apenas unos años parecían todavía ciencia ficción.
Tras una buena introducción inicial, el autor despliega su repaso del transhumanismo en dos vertientes principales:
- La posibilidad de crear sistemas artificiales tan inteligentes, o más, que los seres humanos, llegando incluso a construir seres sintéticos con las mismas capacidades físicas y mentales que las personas.
- El biomejoramiento: la posiblidad de manipular nuestra propia biología para superar enfermedades incurables o, yendo más allá, potenciar nuestras actuales capacidades o lograr otras nuevas, especialmente a través de la tecnología genética.
Me ha gustado especialmente que, tras describir el pensamiento de diversos protagonistas y sus aspectos comunes, Diéguez expone las debilidades de sus proyecciones y argumentos. Algunas no superan apenas unas pocas preguntas afiladas planteadas por el profesor.
La obra cierra con un pequeño episodio final que deja algunos puntos abiertos interesantes. Diéguez hace un curioso recorrido histórico y argumentativo sobre cómo la evolución en la producción científica tras la Segunda Guerra Mundial ha provocado un escenario de constantes anuncios grandilocuentes y fantásticas perspectivas, "el mercado de las promesas".
Sin embargo, sigue sin dar orientaciones, referencias, o incluso propuestas o hipótesis acerca de las decisiones éticas a los que todos estos avances nos abocan. Lo que queda claro es que tenemos que decidir qué deseamos, qué queremos que suceda, y eso lo tenemos que decidir entre todos; y a partir de ahí, orientar el progreso tecnológico de la humanidad en consecuencia.
Como apunte final de lector de ensayos, me hubiera gustado contar con un índice temático, tan útil cuando uno quiere recurrir a un libro leído hace tiempo como referencia en cualquier asunto. Estos detalles suelen cuidarse mucho en las obras de divulgación anglosajonas.
viernes, 14 de junio de 2024
La teoría que nunca murió, de Sharon Bertsch McGrayne
Trabajando en esto de los datos, hay que estar constantemente actualizándose, pero llego a aburrirme de libros técnicos, documentación, certificaciones, blogs de gurús, videos de evangelistas... Así que busco a veces algo distinto, algo que hable de datos, inteligencia artificial, tecnología, pero que vaya más allá, cuente algo acerca de su historia, de su aplicabilidad o de sus consecuencias. No suelo registrar aquí estas lecturas, que muchas veces no llevan a ninguna parte interesante, o acaban teniendo sólo un interés profesional.
"La teoría que nunca murió" es una bonita excepción: me parece un bonito ensayo científico, escrito con un ritmo rápido que convierte trifulcas intelectuales y politiqueo universitario en un relato con interés que provoca querer saber más. Recorre la historia del Teorema de Bayes, desde su concepción inicial por el reverendo Thomas Bayes en el s. XVIII, pasando por su refinamiento por parte de Laplace, y sus constantes vicisitudes durante los siglos XIX y XX, atacado por furibundos frecuentistas como Fisher y Pearson, y vilipendiado por prestigiosos departamentos de estadística.Mientras tanto, personas inteligentes ajenas a la rigidez de los matemáticos de carrera, como actuarios, funcionarios públicos, militares y consultores encontraron en el teorema de Bayes un modo práctico de enfrentar problemas en los que se parte de muy poca información para calcular primas de seguros, leyes públicas, posiciones de submarinos y toma de decisiones empresariales. En esos campos, no es posible diseñar experimentos con un control completo de los factores en juego, como defienden los frecuentistas. Y el teorema de Bayes permite ir mejorando nuestras predicciones a medida que recogemos información más precisa. Me gustó especialmente el capítulo de la caza de submarinos alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y la búsqueda del misil nuclear que cayó en Palomares, Almería, en 1966.Si he de criticar en algo el libro de Bertsch, es que a veces cae en la anotación de personas, universidades y artículos de un modo vertiginoso, sin que realmente aporte al conjunto. En algunas secciones, tantos datos atosigan al lector y estorban el flujo de la lectura.
De todos modos, sigue siendo una obra muy bien escrita, y he disfrutado de su lectura. Nada que ver con otro libro, "Un verdor terrible", de Benjamín Labatut, en el que caí seducido por sus buenas referencias. Un relato basado en personajes y hechos reales sobre el nacimiento de la física cuántica, pero que juega con el lector al añadir ficciones sin aviso para el lector, y emplea lenguaje del storytelling y las charlas TED. Entiendo su éxito, pero me sentí engañado. Nada que ver con "La teoría que nunca murió", un libro sólido, con sus defectos, pero sincero y trabajado a profundidad.
domingo, 9 de junio de 2024
Vigilancia permanente, de Edward Snowden
Tengo la foto de Edward Snowden en el grupo de Signal de los amigos más frikis: es como las estampitas de santos a las que recurrían las señoras mayores para orientar sus rezos según la situación. En mi caso, sirve para recordarme que estamos constantemente vigilados, que el Panóptico ya existe y funciona perfectamente y a escala global, sin necesidad de cárcel ni carcelero, como lo ideó Bentham. Intento evangelizar sobre las consecuencias de esto, y cómo protegernos, entre mis grupos de amigos, aunque con escaso éxito. Lograr que los más técnicos se animaran a comunicarse por Signal en vez de Whatsapp fue ya todo un éxito, pero es más simbólico que eficaz porque todos seguimos en los grupos de las redes sociales de siempre.
Snowden intenta explicarnos por qué hizo lo que hizo contando su historia desde el principio, desde el niño que prefería los ordenadores a la escuela, los deportes o los juguetes, al adolescente desorientado que se alista en el ejército. Nos cuenta cómo fue su crianza en su familia, los que le rodeaban, cómo fue una persona aislada hasta que encontró a su compañera, cómo empezó a trabajar para el gobierno gracias a las credenciales de su familia y a un recorrido sin tacha. La historia es coherente, la narración es interesante y equilibrada, una cosa lleva a la otra, hasta llegar al Snowden que hizo salta la banca de la inteligencia norteamericana espiando a sus propios ciudadanos.
Intentaré seguir todo lo informado que pueda sobre cómo nos vigilan a través de los medios técnicos que empleamos para comunicarnos. Pero, además, ahora tenemos otra amenaza que va más allá de lo que Snowden puedo ver funcionando: la Inteligencia Artificial. No sólo la vigilancia y manipulación pueden ser más profundas que nunca, sino que además pueden irse fuera de control sin que los propios dueños de los algoritmos puedan ni siquiera percatarse de ello. Vivimos tiempos interesantes en los que decir la verdad ya es un acto revolucionario, como dijo Orwell, como ha sido así siempre.














