Obviamente, esto no puede ser ni una crítica ni un análisis formal de la Eneida... sólo el rastro de una lectura que ha resultado más amena y enriquecedora de lo que suponía, siempre relegada como un tema pendiente tras la Ilíada y la Odisea. La edición de Reino de Cordelia me parece fantástica para un aficionado como yo al mundo clásico y al cómic; probablemente, sin embargo, se quedará corta e imprecisa para el filólogo, y densa y escasa de lenguaje visual para el amante de las viñetas. A mí me ha parecido un formato idóneo: los textos bilingües te permiten explorar cómo es la obra original, la concisión de latín, su diferente sonoridad: la traducción de Luis Bonmatí te hace accesible la lectura, y sus notas al margen te ayudan a ponerle contexto; y las ilustraciones de Federico del Barrio están llenas de fuerza y son suficientemente metafóricas para respetar a la obra y acompañar al lector.
Es curioso cómo los episodios de las batallas, prolijos en nombrar a los combatientes y las heridas que se causan entre sí, fueron los de lectura más árida. Por otro lado, aquellos en los que los personajes hacen introspección de sus motivaciones y sentimientos, buscando decidir qué siguiente decisión tomar, o buscando un sentido a los hechos o sus propias acciones, me parecen bellísimos: es donde la obra alcanza un nivel dramático sublime, que uno siente directamente transferible al escenario de un teatro. Por supuesto, los objetivos promocionales e institucionales de la obra, comandada por el propio Octavio Augusto para darse orígenes divinos, y para proporcionar raíces míticas a muchas familias patricias romanas, recorren el texto, especialmente desde la llegada de los troyanos a Italia y el comienzo de las hostilidades con los pueblos latinos.Como con otras obras que se erigen como pilares de nuestra cultura, sé que volveré a la Eneida, sea en esta cuidada edición, o en otra. Ha sido una estación rica en estímulos en este periplo cultura personal.

