domingo, 14 de junio de 2026

Eneida, de Virgilio

Obviamente, esto no puede ser ni una crítica ni un análisis formal de la Eneida... sólo el rastro de una lectura que ha resultado más amena y enriquecedora de lo que suponía, siempre relegada como un tema pendiente tras la Ilíada y la Odisea. La edición de Reino de Cordelia me parece fantástica para un aficionado como yo al mundo clásico y al cómic; probablemente, sin embargo, se quedará corta e imprecisa para el filólogo, y densa y escasa de lenguaje visual para el amante de las viñetas. A mí me ha parecido un formato idóneo: los textos bilingües te permiten explorar cómo es la obra original, la concisión de latín, su diferente sonoridad: la traducción de Luis Bonmatí te hace accesible la lectura, y sus notas al margen te ayudan a ponerle contexto; y las ilustraciones de Federico del Barrio están llenas de fuerza y son suficientemente metafóricas para respetar a la obra y acompañar al lector.

Es curioso cómo los episodios de las batallas, prolijos en nombrar a los combatientes y las heridas que se causan entre sí, fueron los de lectura más árida. Por otro lado, aquellos en los que los personajes hacen introspección de sus motivaciones y sentimientos, buscando decidir qué siguiente decisión tomar, o buscando un sentido a los hechos o sus propias acciones, me parecen bellísimos: es donde la obra alcanza un nivel dramático sublime, que uno siente directamente transferible al escenario de un teatro. Por supuesto, los objetivos promocionales e institucionales de la obra, comandada por el propio Octavio Augusto para darse orígenes divinos, y para proporcionar raíces míticas a muchas familias patricias romanas, recorren el texto, especialmente desde la llegada de los troyanos a Italia y el comienzo de las hostilidades con los pueblos latinos.

Como con otras obras que se erigen como pilares de nuestra cultura, sé que volveré a la Eneida, sea en esta cuidada edición, o en otra. Ha sido una estación rica en estímulos en este periplo cultura personal.