viernes, 28 de agosto de 2009

La escultura de sí, de Michel Onfray

Buscar, imdagar, sobre la frontera (¿o unión?) entre ética y estética es ponerse en el borde del precipicio, apurar los límites, entrar en terreno pantanoso, en un territorio del que no se sabe si se saldrá con éxito, aunque en todo caso se saldrá diferente.
Reconozco no estar capacitado para hacer una crítica, siquiera una reseña, de un libro así, sumando además que su lectura coincidió con un periodo laboralmente complicado (a lo sumo sacaba 30 minutos seguidos de sesión).
Al menos puedo darme por satisfecho al detectar, en los pasajes que me eran más accesibles, aspectos con los que disentía o que no me satisfacían por simplistas, dándome cuenta de que, a pesar de las dificultades, estaba pudiendo hacer una auténtica lectura crítica de Onfray.
Sé que esta entrada no da demasiada chicha, pero en todo caso debo decir que disfruté con su lectura, y que lo recomendaría a cualquiera que se sintiera seducido por él.

City, de Alessandro Baricco

Regalo tardío pero bienvenido de cumpleaños (gracias, Pablo), este libro venía con buenas referencias que luego su lectura no ha satisfecho... aunque he de reconocer que si lo hubiera leído sin haber escuchado opiniones ajenas previamente, probablemente me hubiera dejado un mejor sabor de boca.
Cada historia que compone el libro, engarzadas todas en un hilo común principal, tienen la tensión y la concisión de un buen cuento; sin embargo, el engarce resulta demasiado artificial, y la narración principal también resulta un tanto forzada en contenido.
Hubiera preferido que el libro fuera una sucesión de cuentos independientes, aunque no tuvieran un enlace entre ellos, ni en fondo ni en forma, porque alguno de ellos me gustaron bastante (especialmente el del boxeador).
Hace mucho (pero mucho) que no he metido nuevas entradas en el blog, pero eso no significa que haya dejado de leer libros... Voy a ponerme al día escribiendo pequeñas reseñas ¿ok?

sábado, 2 de mayo de 2009

El pequeño poder... qué buena definición


¡Epa! Pues resulta que entre Onfray y Apuleyo, se me ha colado una pequeña obrita, no sabría decir si ensayo o digna obra de autoayuda (no esos libros llenos de reglas-órdenes simplistas que llenan las estanterías del VIP). Se llama La manipulación. La perversidad del pequeño poder, de Núria Mata.
Mientras lo leía, aún consciente de que mi entorno es fundamentalmente sano psico-sociológicamente, he encontrado patrones de manipulación por todas partes en la realidad que me rodea, especialmente en el trabajo. Lo cierto es que he adquirido la sensación de que en una escala ejecutiva, donde tiene tanta o más importancia la comunicación y la capacidad de influencia (atentos aquí a un posible eufemismo) como los conocimientos técnicos y operativos, los juegos de poder, la comunicación incompleta y sesgada, son una -terrible, triste- herramienta más de trabajo.
Si esto es así, ¿cómo puedo defenderme de la manipulación, de los juegos de poder de los otros? Pero, si forma parte de mi entorno de trabajo, ¿no jugaré yo también a veces el papel de manipulador? ¿Puedo realmente llevar a cabo mi trabajo como ejecutivo sin entrar en el mismo juego perverso?
Algunas pistas que he obtenido de la lectura de este libro:
- Todos jugamos a veces el rol de manipulador y el de manipulado, lo cual, aunque podemos considerarlo universalmente cierto, no tiene por qué ser bueno.
- Siguiendo con lo anterior, lo realmente peligroso es cuando la comunicación no se puede dar sin ser manipuladora, o si en realidad estamos tratando con una personalidad manipuladora/manipulable. Ahí es cuando tiene que saltar la alarma.
- La manipulación consume una gran cantidad de energía, física, mental, emotiva, que se podría emplear en crecer como personas, como profesionales, nosotros y los que nos rodean.
- No siempre es posible to fight back, contraatacar a un manipulador, si existe un diferencial importante en la posición de poder (un gerente y un becario, por ejemplo). En este caso, deben emplearse maniobras de evitación.
- No dejarse manipular Y NO MANIPULAR, necesita dosis de valentía, de autoafirmación, de asertividad, para los cuales no todos venimos preparados con herramientas racionales, emotivas, dentro de nuestra personalidad -> todo depende de cómo se formó nuestro modo de ser a lo largo de la infancia y adolescencia. Detectar que algo va mal es quizá lo más difícil, pero es el primer paso; en el camino de la liberación, quizá el siguiente paso más complicado sea buscar ayuda profesional, porque no siempre aceptamos que alguien más, preparado profesionalmente para ello, nos puede guiar en esa senda.

Tras este interesante paréntesis, seguiremos con Onfray, principalmente. Ya os contaremos.

domingo, 12 de abril de 2009

Es lo bueno de unas mini-vacaciones sin planes...


... que tengo un tiempo que no suelo tener para darme indiscriminadamente a una de mis pasiones: la lectura.

Tras la finalización del libro de la Transición, he finalizado un breve ensayo, apenas una introducción larga, un trabajo de curso: "Postmodernidad", de David Lyon.

Como suelo hacer en este blog, registraré mis sensaciones tras la lectura, sin querer hacer ni resumen ni crítica.


Hay dos personas dentro en mí: una que cree (¿crédula?) que existe un proceso, "el progreso", que nos llevará a todos hacia un futuro mejor, y otra que, en su comportamiento, en sus valores, en sus herramientas para enfrentarse a los Otros y al Mundo, es ferozmente postmoderna (desencantada, nihilista, global/local, metarreal, de identidad difusa, etc, etc), un perfecto hijo de estos tiempos presentes, vaya.


¿Es un rescoldo de esperanza infantil lo que permanece de fondo en mi carácter, siempre pensando que vamos hacia un mundo mejor, de un modo u otro? ¿En realidad mi "yo postmoderno" no soy en realidad "Yo", sino un ethos particular causado por mi vida en el mundo actual?

De todos modos, debo agradecer a este opúsculo el haberme aclarado las ideas sobre lo que es postmodernismo -y postmodernidad. Creo que hasta ahora estaba usando estos conceptos sólo de manera tangencialmente correcta.

Y también debo agradecerle que, como los buenos libros, haya servido de incitación para seguir leyendo otros: ya he comprando el primer tomo de la trilogía de Manuel Castells sobre la era de la información. Parece bastante académico, extenso y de lectura densa, aunque estoy bastante ilusionado. De todos modos, ya estoy con Onfray y Apolonio... pero eso es otra historia que ya os iré contando...

viernes, 10 de abril de 2009

Ascensión a La Mira por Los Galayos


Ayer Jueves Santo me lié la manta a la cabeza (gran "idiom", pardiez), y me fui a disfrutar de algunas de las mejores vistas de la meseta central desde el mirador de La Mira, en Gredos, subiendo por el Galayar.

Telegráficamente:


  • 07:50 Salida con el coche de casa (y eso que puse el despertador a las 06:30).


  • 09:50 Llegada al Nogal del Barranco, tras chuparme una A-5 repleta de coches en operación salida de la Semana Santa.


  • 10:02 Comienzo de la caminata.


  • 13:00 Llegada a La Mira, con dos breves paradas para beber y comer algo (una de ellas en el Victory, a las 12:00 clavadas).


  • 13:20 Salida de la Mira, tras comer algo más (o sea, dos barritas energéticas más y lo que me quedaba del plátano).


  • 14:00 Paradinha en Victory, para ver a la única cordada que se había aventurado a echarle un pegue, por una de las vías del Torreón, no he sido capaz de identificar cuál. El viento arreciaba frío y el sol alternaba con las nubes, empeorando poco a poco el día.


  • 14:10 Seguimos en marcha.


  • 15:41 Llegada al coche: estiramientos, cambio de ropa, algo de comer de más enjundia en el kiosko que hay en el Nogal, una pequeña siesta al rumor del río, y vuelta a casa.

El regreso no fue más de 1h30', haciendo que merezca la pena una salida de un sólo día desde Alcorcón, que es donde vivo.


Subo un par de fotos de las vistas a O y a E desde La Mira, hechas con el móvil: tengo la cámara digital al borde del reciclado, voy a tener que abrir una nueva hucha para ir juntando cuartos para una nueva.










No era para tanto...


Finalmente, conseguí terminar "Crónica política de la Transición". No ha sido tan duro: quizá se ha hecho más árido en los capítulos sobre la crisis del gobierno de UCD entre el 77 y el 81 (todo iba mal, el liderazgo de Suárez caía en picado, el partido era un conjunto de reinos de taifas... y económicamente el país iba fatal), pero el poso que me deja en el paladar tiene dos caras:


  • Un sabor agridulce por el "conductismo", podríamos decir casi "despotismo ilustrado" con el que las clases dirigentes, incluyendo en este orden a todas las fuerzas políticas independientemente de su ideología, respaldo popular o peso político en el proceso, dirigieron los pasos de la Transición. Sólo en los disturbios de los primeros años se vio a un pueblo protagonista de su propio destino, cayendo luego en años de desencanto, hasta el "golpe" de las elecciones del 82, donde volvió a coger las riendas dando un timonazo a la dirección política del país.

  • La gran aventura que fue, con final feliz, si podemos decirlo así, no sé hasta que punto gracias a lo anterior. Ha habido momentos durante la lectura del libro en los que devoraba los párrafos de pura excitación, como cuando de niño leía novelas de Salgari o cuentos de Poe.

De todos modos, me gustaría pensar que Doval ha intentado ser ecuánime en la descripción de los hechos (y en las inevitables valoraciones): éste es un tema tan dado a los sesgos, voluntarios o intencionados, como lo es la Guerra Civil.


Otra sensación curiosa ha sido la de "memoria dormida". Cuando leo libros sobre la Guerra Civil, lo hago pensando en una "memoria robada", borrada de libros de historia y de clases elípticas y cobardes en el colegio; sin embargo, los hechos de la Transición sucedieron estando mis padres vivitos y coleando (otra cosa es que fueran sujetos agentes), y yo mismo, que nací en el 75, también estaba allí, no sé si presenciándolo o concentrándome tranquilamente en mis necesidades más básicas, como todo niño de corta edad. Por eso es "memoria dormida", no hurtada, ni traicionada.


Como con la Guerra Civil, sé que volveré a este tema recurrentemente, de tanto en cuando, buscando más información, quierendo sacar mis propias claves. Cada vez que lo he hecho, me he dado cuenta hasta qué punto estos periodos históricos configuran mi circunstancia actual -y futura-, y por tanto, a mí mismo.