martes, 7 de agosto de 2018

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline

Ya había oído mucho de Céline (Louis-Ferdinand Auguste Destouches, en realidad), así que ya era hora de darle un tiento. Su halo de escritor maldito le daba el atractivo necesario para buscar un hueco en la pila de lecturas pendientes. En Francia sigue siendo una figura muy controvertida, incluso muchos años después de su muerte, por su abierto antisemitismo y filonazismo. Por mi parte, había acumulado ya muchas referencias que hablaban de él pero, sobre todo, de su obra más importante, "Viaje al fin de la noche".



Como siempre me pasa cuando doy con una obra que realmente merece la pena, encontré tiempo donde no lo había para disfrutar de su lectura. Céline crea una historia autobiográfica, aunque sin dejar claro cuánto es real y cuánto es ficticio, con un lenguaje muy ágil y directo. He leído muchas reseñas que hablan de lo obsceno y descarnado de su lenguaje, pero, cuando cualquiera de nosotros habla consigo mismo en su interior ¿pone en realidad el filtro de la educación y el decoro a sus palabras?

En todo caso, creo que el tono narrativo y la profundidad de sus reflexiones sufren altibajos a lo largo de la novela, alternando partes inolvidables con largos relatos o reflexiones que, en mi opinión, no aportan demasiado a la obra:

1. El primer capítulo, sobre la participación del alter ego de Céline, Ferdinand Bardamu, en la Primera Guerra Mundial me parece antológico: el primer intento auténtico de expresar de verdad lo que un soldado puede sentir dentro de la trituradora de seres humanos que es una guerra. Es un contrapunto estético y ético perfecto de "Tempestades de Acero", de Ernst Jünger.

2. El episodio en el que Ferdinand se hace cargo de una delegación colonial francesa en África es todo lo que esperaba que fuera "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, y que no fue a fuerza de elipsis y recato. ¿Que Conrad sugiere lo suficiente, bastando lo que contó? Podría ser y, sencillamente, no llegué a conectar con su novela. Pero Céline es implacable en todo lo sucio, chabacano, anti-idealista que pudo tener la presencia europea en África, sin adornar lo miserable que era la vida de los indígenas, con europeos explotándolos o no.

3. El episodio de Toulouse pierde mucho interés: mi sospecha es que Céline busca expurgar o expirar un hecho real, delictivo y mezquino, a través de la literatura. El caso es que esta parte no llega a provocar la tensión, el asco existencial que Céline lograr transmitir en otros momentos de la historia.

Dentro de su prosa rápida, acuciante, Céline nos deja trallazos de lucidez descreída que hieren nuestra bonhomía con destellos de realidad desnuda, cínica, que nos deja sin palabras para defendernos, para reivindicarnos como especie.


Por terminar: dentro de mi recorrido literario, "Viaje a final de la noche" encajaría  en la corriente de la "voz interior": llena un hueco cronológico en mis lecturas entre el último capítulo del Ulises de James Joyce, los Trópicos de Henry Miller... y los beatniks de "En el camino" de Jack Kerouac o cualquier obra de Charles Bukowski. Al escribir esto me doy cuenta de que el más grande sería Joyce, que fue capaz de expresar esa voz interior en un personaje que nada tiene que ver con él como persona; por el contrario, el resto, con distintas mezclas de ficción e historia personal, vuelcan sus propias reflexiones y sentimientos sobre un fina línea entre lo real y lo ficticio.

sábado, 23 de diciembre de 2017

The Cartoon Guide to Genetics de Larry Gonick y Mark Wheelis y Evolución pata todos de Dylan Evans y Howard Selina

Una hija que no se nos parece en nada, ni a su padre ni a su madre, y una visita al Museo de Ciencias Naturales, hicieron que me volviera a interesar por la genética desde las clases de Biología del instituto.

Hacía tiempo que tenía en mis manos "The Cartoon Guide to Statistics", una auténtica obra de arte pedagógico que me ayudó a comprender mejor el concepto de probabilidad. Toda la serie "The Cartoon Guide" es perfecta para introducirse de modo divertido, o refrescar la memoria, en distintas materias.

Poniéndose a la faena con "The Cartoon Guide to Genetics", uno queda sorprendido de que el conocimiento más común sobre genética, Mendel con sus guisantes, alelos, genes dominantes y recesivos, queda despachado en las primeras cincuenta páginas en un libro de doscientas. Eso ya anticipa que, en lo restante, Wheelis no se va a cortar en profundizar en los aspectos bioquímicos del asunto.

Desde el descubrimiento del ADN, las células procariotas y eucariotas, aminoácidos y bases, hasta codones, anticodones, ribosomas, intrones, virus y retrovirus. En una primera lectura tanta información llega a abrumar pero, con algo mas de sosiego, hay que reconocer que los autores logran hacer accesible un mundo complejo en el que no todo está descubierto todavía.

Respecto a "Evolución para todos", también se trata de un libro divulgativo que busca explicar a un público curioso pero lego un tema que puede ser áspero de acometer. Aunque en este caso el lenguaje no es tan parecido al cómic, Evans y Selina también mezclan textos directos y claros con imágenes y humor inteligente.

La combinación de los dos libros es perfecta, ya que la Genética, aún siendo clave, es sólo un aspecto más de la evolución de la vida y de las teorías que se han elaborado sobre ella a lo largo de la historia. En este sentido "Evolución [...]" proporciona una visión más general y ambiciosa, sin profundizar pero sin dejar ningún ángulo por revisar.

La idea-fuerza sobre la que gira todo el libro es la conjunción de la teoría de la evolución y la de la selección natural. La primera afirma, simplemente, que las especies cambian y que unas especies pueden generar otras; la segunda, expresada en los términos más sencillos posibles, se apoya en tres principios fundamentales:
  1. Hay una población de "cosas" que hacen copias de sí mismas.
  2. El proceso de copia no es perfecto.
  3. Los errores de copia crean diferencias en la capacidad de supervivencia de la descendencia y de copias de sí misma.
A partir de ahí, Evans desarrolla temas como las adaptaciones al entorno, el altruismo entre organismos, la reproducción sexual, las extinciones, y muchos otros aspectos de la evolución de la vida.

En el caso de "The Cartoon [...]", el libro cierra con una serie de preguntas abiertas que los avances en ingeniería genética nos plantean. Por ejemplo, qué sentido tendría la clonación, cómo estamos perjudicando al medio ambiente y si la genética puede hacer algo al respecto y, mucho más inquietante, qué haremos con nosotros mismos, como especie y como individuos, cuando alcancemos la posibilidad de modificarnos genéticamente sin límite.

En "Evolución para todos", la reflexión final está más encaminada hacia la polémica, increíblemente actual, entre los defensores de la teoría de la evolución y los creacionistas. El creacionismo, dado su fundamento religioso, basa su defensa más en los posibles fallos de la teoría de la evolución que en argumentos propios sólidos.

Me gustaría cerrar precisamente con el planteamiento final de "Evolución [...]": la grandeza de la teoría de la evolución es que nos proporciona una respuesta científica a preguntas profundas, sin necesidad de recurrir a supersticiones. Pero la ciencia no nos puede decir todo: sólo nos dice cómo son las cosas, no cómo deberían ser. "A la ciencia le gusta descubrir hechos, pero nos da libertad para elegir nuestros valores".

domingo, 12 de noviembre de 2017

A Sangre y Fuego y Los Secretos de la defensa de Madrid, de Manuel Chaves Nogales


Había evitado deliberadamente cualquier pieza de literatura sobre la Guerra Civil. Creo que fue Borges quien dijo que toda literatura es ficción, y yo así lo creo. Ni siquiera nuestra más íntima memoria es fiel a los hechos: cómo lo podría ser una obra que salga de nuestro hálito creador. Sería como pedir al escultor que dejara virgen la piedra para evitar intervenir sobre la realidad.


Pero estoy divagando. Por diversos motivos, llegué de manera casual a Chaves Nogales, y su figura provocó mi curiosidad por puro desconocimiento. Así que me animé con las dos obras que me parecieron  más representativas: "A Sangre y Fuego" y "La Defensa de Madrid".


No voy a hacer aquí un repaso de quién fue Chaves Nogales, ni una reseña detallada de sus cuentos o un comentario de su obra. Para mi propio recuerdo, destacaría:
  • Me quedé con la sensación de que cada uno de los cuentos de "A Sangre y Fuego" fue creado  a partir de un hecho real que llegó a oídos de Chaves. Sobre ese trozo de realidad, el escritor novela una historia completa, con las características típicas del cuento. Se nota al final, de manera más o menos explícita, cierta intención de moraleja, que desliza la pieza hacia una función utilitaria que a veces desluce la obra. ¿Le arrastraría su oficio de periodista?
  • En "La Defensa de Madrid" la historia es trepidante, el lenguaje vivo e intenso. Es casi imposible separar la vista del libro hasta llegar al final: hay que devorarlo. Si he de hacer algún reproche, quizá el intento de destacar la increíble labor de Miaja ante una situación tan compleja, desesperada, acaba cayendo en algún momento en la hagiografía. Por ejemplo, no aparecen por ningún lado, que recuerde, los comisarios políticos soviéticos que rondaban en todo momento alrededor de los líderes de la resistencia madrileña, asesorando y, cómo no, influenciando en las decisiones.
  • En ambas obras la riqueza de lenguaje es destacable. Hacía mucho tiempo que no descubría tantas nuevas palabras de la lengua española sin que fuera por tecnicismos o elementos históricos. Chaves demuestra que su oficio es el de forjar historias con el lenguaje, y lo hace muy bien.


Sobre su pensamiento, rechazo alguna de sus aseveraciones acerca de que "lo malo" llegó de fuera, que España llegó al enfrentamiento contaminada por ideas ajenas a los españoles. Los terratenientes, los monárquicos y los militares descontentos eran propios; los jornaleros con hambre, las clases obreras industriales, y los intelectuales progresistas, tampoco eran importados. El fascismo, el comunismo, el anarquismo, todos los posibles "ismos" que jugaron un papel en la república y en la guerra, pudieron llegar de fuera pero, si arraigaron con fuerza en este país, es porque todas las condiciones se daban. Los españoles que las adoptaron no las consideraron tan ajenas a sus propios ideales y circunstancias.



Para finalizar: aunque he sido crítico con lo que he leído, he disfrutado de la lectura de Chaves Nogales. Me ha dado un componente de hechos vivos, vividos, que los ensayos y artículos no pueden dar. Por eso, me animaré a darle más oportunidades a la literatura sobre la Guerra Civil. Estoy pensando sobre todo en Aub, Sender, Barea. Ánimo. Hay más libros y montañas que días, ésa es la verdad.

domingo, 8 de enero de 2017

Cosas sobre la naturaleza y la sociedad en Estados Unidos a través de algunas películas

captainfantasticHace unas semanas tuve la oportunidad de viajar por trabajo a México, y como siempre aproveché en los vuelos para ver todas las películas que pude en versión original.  Así pude, ver, entre otras, “Captain Fantastic”, dirigida por Matt Ross y protagonizada por Viggo Mortensen. En breve, la historia trata de la dificultades que encuentra un padre que ha criado familia  en la naturaleza para regresar a la sociedad y permitir que sus hijos encuentren su propio camino.

No voy a escribir aquí una crítica sobre la película, pero sí que quería destacar algunos elementos comunes con otros filmes y que creo entroncan con algunos elementos que he encontrado a muchas otras expresiones artísticas provenientes de EEUU. Mi hipótesis es que estos elementos son valores nucleares de su cultura, y son trasversales a geografías, ideologías o clases sociales.

En concreto, las otras películas son “The East”, dirigida por Zal Batmanglij y protagonizada por Brit Marling y Alexander Skarsgård, y “Into the Wild” (“Hacia rutas salvajes”), dirigida por Sean Penn y protagonizada por Emile Hirsch.




Creo que hay dos elementos fundamentales comunes:
  • La Naturaleza como valor superior tanto ético como estético. En contraste, la Sociedad es intrínsecamente mala. En los tres casos los protagonistas se alejan deliberadamente de la sociedad para buscar una vida más auténtica.
  • Quizá como consecuencia del punto anterior, más transcedente, surje una radical desconfianza hacia cualquier constructo social, humano, especialmente cualquier órgano colectivo de gobierno, no importa la escala. Se desconfía del gobierno de los Estados Unidos, de las multinacionales, pero también de la escuela o, por llevarlo un poco al extremo, de la comunidad de vecinos.

JohnWayneSeguro que a poco que hagamos algo de memoria, podemos encontrar estos valores en cientos de obras artísticas, especialmente cinematográficas, provenientes de Estados Unidos. Existen a lo largo de todo un género, como es el western, pero también aparecen en películas de otros géneros de forma más sutil aunque constante. Así pasa, por ejemplo, con el clásico personaje policiaco de películas de cine negro que no es capaz de vivir dentro “del sistema”, ya que sus propios valores éticos son superiores a los de aquéllos que  los han prostituido por sobrevivir dentro de él: el detective privado solitario y con mala suerte, o el inspector de policía que trabaja ajeno a toda instrucción o restricción de sus jefes.


NoamChomskyComo es fácil deducir, son valores que entrocan casi a la perfección con el ideario anarquista. Es curioso como la familia de “Captain Fantastic” tiene a Noam Chomsky como referencia ideológica, casi mitológica, llegando a celebrar su cumpleaños casi como la mayor parte de nosotros celebramos el “cumpleaños” de Jesucristo en la Navidad.




¿Y por qué creo que son valores trasversales? Porque personas y colectivos que para nada pueden considerarse de izquierdas, ni en absoluto anarquistas, comparten estos mismos valores de manera natural y sin fisuras. Hay ejemplos clarísimos en otros filmes, especialmente en el género del western producido en en las décadas de la Guerra Fría y la lucha psicológica con el comunismo. Los sectores más reaccionarios del Midwestern o del Rust Belt americano también desconfían enormemente de cualquier organismo colectivo, incluso a nivel de seguridad ciudadana (lo que es uno de los motivos por el que no conciben no estar personalmente armados). Es curioso como ese grado de libertad les empuja a modelos institucionales y económicos liberales, ajenos a cualquier concepto de estado, aunque sean más ineficientes, débiles o francamente injustos (para ejemplo, su sistema sanitario).

Por encontrar un ejemplo más cercano, y con mucho LegendsOfTheFallmás éxito comercial que cualquiera de las tres películas anteriores, tenemos “Legends of the Fall” (“Leyendas de Pasión”), dirigida por Edward Zwick y protagonizada por Brad Pitt, Anthony Hopkins y Aidan Quinn. La deriva romántica de la película, entiendo que encaminada a exprimir las taquillas aprovechando el atractivo de Pitt, no puede despistarnos de los valores que la obra trasmite. Hay mucho en común entre el Ben Cash de Viggo Mortensen en “Captain Fantastic” y el coronel William Ludlow, intepretado por Anthony Hopkins, en “Legends of the Fall”. Y la lucha entre la naturaleza y la sociedad, objetivada en este caso en el “progreso”, que se encarna en la rivalidad entre hermanos de Tristan (Pitt) y Alfred Ludlow (Quinn).


Habrá que buscar otras fuentes que explorar para intentar averiguar el por qué de estos valores, y cómo nos han sido transmitidos a través de esa máquina de exportación masiva de cultura que es el cine norteamericano.

lunes, 31 de octubre de 2016

La Urna Rota, colectivo Politikon

Desde hace un tiempo sigo en Twitter al colectivo Politikon, un grupo de jóvenes, o no tan jóvenes estudiosos del fenómeno político, especialmente en España, con conocimientos y experiencia muy diversos, algo que se nota en todo lo que dicen y lo que hacen.

Este libro es la primera obra colectiva de este grupo, formado por Jorge Galindo, Kiko Llaneras, Octavio Medina, Jorge San Miguel, Pablo Simón y Roger Senserrich. Si se consultan los recorridos vitales y académicos de todos ellos, uno se acaba preguntando cómo demonio llegaron a conocerse, y de qué manera acabaron fundando algo como Politikon.

Pero, volviendo a la obra: se trata de un libro bien escrito y estructurado, que respeta al lector evitando ser un ensayo académico sin caer, por otro lado, en el razonamiento facilón y engañoso de los libros de autoayuda, por ejemplo. Y se atacan con valentía y buen sentido cada uno de los problemas y de las críticas habituales que se vierten sobre el sistema político español.

Para empezar, se desmontan creencias y mitos mediante información precisa, a veces describiendo la realidad de las instituciones y leyes españolas, a veces aportando estadísticas siguiendo las últimas tendencias en analítica de datos. Por ejemplo, algo que fue esclarecedor para mí fue conocer que no hay sistema político democrático perfecto, una especie de espejo en el que debamos mirarnos para saber qué debemos alcanzar y qué camino debemos tomar. Como cualquier construcción humana, todo sistema tiene sus debilidades y, adoptar uno u otro acaba siendo cuestión de valores y preferencias, especialmente cuando deben alcanzarse compromisos (en el sentido de trade-off, en inglés) en situaciones para las que no hay solución perfecta. No existe esa especie de paraíso democrático de los estados escandinavos, a los que solemos tener idealizados en tantos sentidos.

La Urna Rota no se queda, gracias a dios, es una análisis comparativo entre sistemas: también propone reformas para mejorar la calidad democrática de nuestro país, dado el alto nivel de
insatisfacción que muestran los españoles hacia sus gobernantes. Por supuesto, crisis económica e insatisfacción política van de la mano, dado que la primera, aparte del impacto directo en
el nivel de vida de los ciudadanos, saca a la luz fácilmente todos los problemas de fondo del sistema político en marcha.

Estas propuestas incluyen cambiar los mecanismos de elección de líderes en los partidos políticos,  reformar el sistema electoral, establecer nuevos mecanismos para mejorar la transparencia y el control de la corrupción, mejorar la implicación de los ciudadanos en el sistema y, como consecuencia, la puesta en marcha de nuevos mecanismos de decisión.

No voy a entrar a profundizar en el detalle de cada uno de estos puntos: me quedo con la sensación de que debo profundizar aún más en la ciencia política como para hacer un análisis crítico, por amateur que fuera, de lo que aquí propone Politikon.

Sí que puedo decir que el libro me ha gustado mucho, tanto como para sospechar si, hasta cierto punto, no sea un efecto de autocomplacencia al descubrir mis propias opiniones, débilmente fundadas, respaldadas por un conjunto de gente mucho más preparada que yo. Curiosamente, ,e he sorprendido a mí mismo varias veces hacer referencia a lo contado en La Urna Rota en diferentes conversaciones sobre política entre amigos y conocidos. Al menos puedo decir que, gracias Politikon, soy un poco menos ignorante en estos temas, y puedo considerarme un ciudadano mejor informado en la democracia: algo que quizá me ha pasado con Judt y con pocos autores más.



Sé que volveré a leer La Urna Rota, aunque sea a trozos, en un futuro no muy lejano.

domingo, 30 de octubre de 2016

Historia del Anarquismo en España, de Laura Vicente


Tras la incursión en el falangismo español de la mano de Payne, tocaba continuar profundizando en otras líneas ideológicas de las que participaron en la Guerra Civil.

En este caso, me decidí por conocer mejor una de las corrientes ideológicas opuestas al fascismo: el anarquismo. Siempre me ha parecido que el anarquismo hace una propuesta de vida personal y de sociedad mucho más original que otra líneas de pensamiento que se podrían catalogar, no sin imprecisión, de izquierdas.

Algo que surgió rápidamente al comparar la historia del anarquismo en España frente a la del falangismo (ver post anterior) es la diferencia en su recorrido histórico. Podría considerarse que el segundo apenas vivió un par de décadas, certificando su fin de facto en su unificación con los carlistas llevada a cabo por Franco en abril de 1937. Sin embargo, el primero hunde sus raíces en los utopistas de principios del s.XIX, hasta cristalizar en los teóricos anarquistas rusos Bakunin y Kropotkin, y tomar forma en el país, por dar un periodo orientativo, en el sexenio revolucionario de 1868. Si fijamos un hito final, discutible sin duda, en 1939, tenemos una intensa vida activa de 71 años en España.



Y hablando de España, Vicente no elude el eterno debate de lo específico y de lo común del pensamiento y acción anarquista en este país frente al resto de Europa. Como en otros casos, en España hemos añadido nuestra propia idiosincrasia a cada corriente ideológica que nos ha llegado del exterior. El libro destaca tres factores por los que el anarquismo prendió con más fuerza en nuestro país que en otras naciones europeas:

  • Nuestra particular debacle del 98.
  • La radical polarización que nuestra sociedad sufría en esa época, entre oligarquía y poblacióne empobrecida, sin clase media.
  • La existencia de sentimientos religiosos mesiánicos entre la población menos culta, a pesar del descrédito que la iglesia católica cosechó entre las clases menos desfavorecidas. En este punto, Vicente entra en debate con Hobsbawn y Brenan sobre la importancia de este factor, que los autores ingleses consideran básico.


El libro de Laura Vicente destaca las dificultades de trazar una línea histórica única sobre el anarquismo, debido a múltiples factores:

  • La relación con corrientes de pensamiento diferentes (naturismo, feminismo, espiritismo, etc).
  • La dicotomía entre el anarco-sindicalismo, más cercano a los trabajadores y sus problemas cotidianos, y el anarquismo más filosófico.
  • La inclinación a la acción directa, que proporcionó al anarquismo su pátina de terrorismo, frente a medidas menos violentas, que llegaron a tener un éxito destacable en algunos casos en España, como la fundación de instituciones académicas, foros de discusión, colectivos culturales y deportivos, por dar algunos ejemplos.
  • Las distintas posturas que el anarquismo adoptó tanto en la República como en la Guerra Civil. Por dar unos ejemplos: el "treintismo" y la fractura que supuso en su organización política, la existencia de líderes individuales carismáticos (algo no muy alineado con los ideales ácratas), la participación o no en el gobierno de la República durante el conflicto.
La obra cierra con un capítulo que hace un recorrido rápido por todo lo contado, admite varias críticas al anarquismo como ideología, y también apunta a algunos valores importantes que nos puede aportar a todos, no importa nuestro credo político.

En cuanto a críticas, surgen dos directas como paradojas fáciles de entender: como sistema total, busca dar solución a los problemas de la humanidad mediante unos solos principios, con un solo método, impidiendo así la posibilidad de diferentes alternativas, y por tanto conculcando la libertad individual. Por otro lado, la libertad individual queda difuminada, sino cancelada, al establecer procesos de toma de decisión basados en comités, más bien en una cadena de comités jerárquicos, no importa lo participativos que sean.


A pesar de las críticas anteriores, siento que hay algo radicalmente bueno en la teoría anarquista: la libertad del individuo como elemento básico del desarrollo completo de la persona. Laura Vicente defiende el potencial de los ideales anarquistas para combatir el "déficit democrático" actual nutrido por el desinterés generalizado en la política (aunque aquí me gustan más las tesis de Tony Judt) y por la manipulación de las instituciones. Debemos cuestionarnos constantemente nuestra relación con el poder, buscando salvar a toda costa nuestra preciada libertad y permitiendo el crecimiento de valores solidarios.


Dejaremos para otra ocasión, quizá apoyándome en otro libro, el punto de contacto entre anarquismo y capitalismo radical que se ha venido denominando "anarcocapitalismo".

sábado, 7 de mayo de 2016

La muerte de mi padre, de Karl Ove Knausgård

A veces siento que necesito escribir la entrada en el blog para desembarazarme de un libro, para dejar espacio, no solo intelectual, también emocional, para otras historias, para salir y respirar aire fresco. Y eso es lo que me ha pasado con este libro: no porque fuera agobiante, u opresivo, sino porque su últimas páginas tocaban constantemente cuerdas cuyas notas son dolorosas, amargas, para cualquier persona. Sin respiro.


Karl Ove Knausgård y su famosa trilogía, "Mi lucha", compuesta por "La muerte del padre", "Un hombre enamorado" y "La isla de la infancia", ha sido enormemente polémica en su país de origen, Noruega, al ser un relato preciso, sin ningún tipo de escrúpulo, de los eventos de la propia vida del autor y de sus reflexiones y emociones sobre ellos. Las personas que aparecen en los relatos son o fueron personas completamente reales, los episodios que se narran realmente sucedieron y, lo más radical, las opiniones y sentimientos volcados en las obras son los que el autor tuvo en cada momento, si ningún tipo de filtro (¿o sí).


Estilísticamente también ha abierto un interesante debate, al recuperar una meticulosidad psicológica y descriptiva más propia de la literatura del s.XIX. Esta meticulosidad se aplica al más dramático de los sentimientos, a la más profunda de las reflexiones... pero también al más anodino de los detalles, al aspecto más mundano de lo que rodea al autor en los episodios de su vida. Las contraportadas y reseñas literarias nombran a Thomas Mann y Marcel Proust como referentes de esta escritura. Si esta comparación resulta ampulosa, queda a juicio del lector.

Personalmente, la primera mitad del libro me resultó difícil de leer, porque las historias que cuenta sobre su adolescencia no parecen ser relevantes para ilustrar la relación entre Knausgård y su padre, si es que un juicio así puede realizarse por alguien que no es el afectado.


Sin embargo, la segunda mitad es un crescendo constante tanto en contenido como en forma. El dramatismo, el terrible patetismo de lo que se cuenta, no es explosivo, pero cala y contamina cada párrafo, cada frase. Y, por otro lado, la propia escritura gana en quilates, se vuelve vibrante. Como dije al principio, es como si cada pequeña escena o pensamiento tocara una tecla dolorosa.


Me siento afortunado de haber leído este libro. Porque abre muchas preguntas. Y ninguna trivial: algunas tienen que ver con la vida, otras con la literatura. ¿Cómo se puede criticar un libro que es el relato minucioso de una vida, sin estar criticando a la vida que describe, al propio ser que se pone en el escenario para que todos veamos su actuación en la vida real? ¿Cómo podemos estar seguros de que todos los episodios son ciertos, tal y como se describen? En el fondo, sólo conocemos la versión de Knausgård y, sin que ni siquiera se plantee la cuestión en la obra, toda vivencia es subjetiva, es sólo una perspectiva, y además toda memoria es imprecisa, está contaminada por los múltiples factores que conforman una personalidad, una persona. En mi conocimiento, Knausgård, no pidió permiso a ninguna de las personas que aparecen en la obra. Si fuera así, ¿realmente es un comportamiento ético? Y si hubiera pedido permiso, y no se lo hubieran dado, ¿el escritor debería haber dejado que le influyera cambiando lo que narra, o incluso absteniéndose de publicar la obra? ¿No toca esto el tema de la libertad del creador, y del valor ético del acto de la creación artística? Y, sin que sea menos importante, ¿hasta qué punto me ha impactado esta obra por mi propio momento vital, por lo que me sucede o siento ahora mismo, por cómo yo soy?

Creo que me voy a dejar un buen tiempo para disfrutar de otras lecturas antes de hincarle el diente a uno de los otros dos libros de la trilogía "Mi lucha". Hasta cierto punto, una lectura así es vivir una vida ajena (toda literatura lo sería, en cierto sentido), y tengo que volver a la mía. Mientras tanto, hay que preparar otra entrada sobre un par de libros terminados hace tiempo, y ya voy pensando qué libro de la Guerra Civil voy a leer este verano.