sábado, 25 de noviembre de 2023

La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Tantas buenas recomendaciones, en redes sociales y en portales web, hacían inevitable que me hiciera con esta obra. La profundidad del tema que ataca daría para un artículo extenso, pero voy a dejar aquí sólo mis impresiones. Una vez finalizada esta pequeña obra de Ordine, he de decir que el hype no me parece justificado. El libro sobrevuela el concepto de utilidad, a veces hablando de utilidad económica, y otras de una cierta "utilidad intelectual", que no llega a concretar. La mayor parte de la obra es un recorrido por diversas fuentes, con cita extraídas de referencias clásicas de toda la historia del pensamiento, algunas traídas por los pelos. Si el objetivo era demostrar la erudición del autor, meta lograda. Pero creo que no llega a estar a la altura del desafío que propone: es un tiro marrado.

Personalmente, entiendo la utilidad como un concepto amplio: si compro un libro de poesía, para mí su lectura es "útil" porque sacia cierta hambre intelectual, ética o estética. ¿Habré perdido dinero en su compra, si su "uso" no genera a su vez más dinero? Si leer poesía me hace sentir mejor conmigo mismo, doy por seguro que estaré mejor con las personas que me rodean, e incluso podré afrontar de manera más sólida los desafíos diarios que sí involucran aspectos económicos, o sea, ganarme la vida (curiosa expresión castiza). ¿En realidad me hace sentir mejor un poema trágico, por ejemplo? Ése es otro precioso debate.

Respecto a la ciencia, está claro que la investigación fundamental no puede verse guiada por la obtención de un retorno económico, directo y a corto plazo. Pero la historia nos demuestra que, a largo plazo, los avances científicos básicos provocan saltos enormes en la humanidad, cambiando nuestras sociedades. Creo que todos podemos pensar en ejemplos como Galileo, Newton o Einstein, pero podríamos añadir a matemáticos como Gauss o Turing o, por qué no, filósofos desde Platón o Aristóteles a Nietzsche o Foucault. Estos saltos científicos o filosóficos nos abren nuevos modos de ver la realidad, permitiendo que otras personas, con un enfoque más práctico, "ingenieril", provoquen cambios en nuestras realidades materiales e intelectuales, orientados, esta vez ya sí, a la obtención de algún tipo de beneficio, económico, político o de otro tipo.

¿Cómo asignar entonces los recursos de una sociedad para permitir, primero, esa investigación básica, orientada por la curiosidad, y luego su aplicación técnica para que la propia sociedad se beneficie de sus resultados y siga en su progreso? Creo que aquí es donde está realmente el debate difícil, y la obra de Ordine, con toda su erudición clásica, parece evitarlo. Seguiremos buscando. 

domingo, 29 de octubre de 2023

The Status Game, de Will Storr

Este libro llevaba mucho tiempo en la lista de deseos. Había encontrado diversas referencias sobre él en otros autores relacionados con el comportamiento organizacional y el impacto de la tecnología en la sociedad. Storr, un exitoso escritor de obras divulgativas sobre temas científicos, logra un libro denso, profusamente documentado, pero que se puede tomar a píldoras, sobre nuestra lucha por el estatus y cómo ello nos define. Sus premisas podrían resumirse en:

  • Nuestra vida es juego; no podemos evitar jugar; el juego está en nosotros, nos define. Estas aseveraciones me recordaron al Homo ludens de Huizinga. Este juego es la lucha por el estatus dentro de los grupos humanos en los que estamos inmersos.
  • La base de ello es que cuanto mayor sea nuestro estatus relativo entre la gente que nos rodea, maximizaremos nuestro potencial para sobrevivir y reproducirnos... lo cual nos lleva a la teoría de la evolución por selección natural (véase Evolución para todos, y El gen egoísta).
  • Existe otro nivel en el juego: nuestros grupos compiten con otros grupos. Cuando nuestros grupos ganan, ganamos nosotros; y si pierden, perdemos con ellos. Nos convertimos en los juegos que jugamos.
  • Aún hay más: nuestro propio cerebro nos proporciona historias creadas a medida para explicarnos por qué unos están por encima de nosotros, y otros por debajo.

El resto del libro, hasta el último capítulo, son una sucesión de casos que demuestran que existen tres tipos de juegos de estatus en la especie humana: dominancia, virtud y éxito. Además, nuestro cerebro está perfectamente equipado para hacernos sentir mejores que los demás, determinar nuestro estatus relativo a través de símbolos y valores asociados, e incluso calcularlo a través de la voz y del lenguaje corporal de nuestros compañeros jugadores. Este mecanismo nunca se apaga, y funciona siempre en formato "concurso". Hay reglas basadas en nuestra herencia genética, y otras adquiridas durante la infancia desde la cultura en la que crecemos; no hay manera de escaparse, dejar de jugar.

El juego de estatus del dominio se basa en la coerción de otros jugadores mediante la fuerza o el miedo; el juego de estatus de la virtud se gana mediante la obediencia y cumplimiento de un conjunto de reglas establecido en el grupo de referencia; finalmente, en el juego de estatus del éxito se progresa mediante la obtención de logros asociados a una habilidad, talento o conocimiento específico. Obviamente, la realidad es más compleja, y los juegos que jugamos suelen tener componentes de estos  tres tipos de juegos.

A partir de esta tesis, el libro despliega toda una serie de casos reales, investigados con profundidad y apoyados con múltiples referencias científicas, que la demuestran. Storr hace un trabajo de orfebrería al lograr que las notas académicas no interrumpan el fluir de la lectura, y aporta decenas de apoyos documentales, listados con detalle al final de la obra. Cada capítulo es más sombrío que el anterior, dejando cada vez menos espacio para la posibilidad de un libre albedrío y una concepción del hombre que permitan escapar del juego de estatus. El penúltimo, que describe el régimen soviético del s.XX como el summum de todos los juegos de estatus alcanzado por la civilización humana, es especialmente claustrofóbico y desesperanzador.

El autor, una vez que nos ha dejado sin aire existencial para aspirar a una vida libre de los juegos de estatus, intenta dar un cierre positivo al libro con un último capítulo con una serie de consejos. ¿Podemos escapar del juego de estatus? No podemos. Entonces, si además existen toda una pluralidad de juegos posibles, ¿cómo podemos saber que estamos jugando los juegos de estatus correctos? Y, una vez que los estamos jugando, ¿cómo podemos obtener lo que queremos? Aquí Storr, como resultado de sus investigaciones, nos propone siete reglas. No voy a enumerar todas aquí, pero destacaré la primera, y la última:

  • "Practicar la amabilidad, la sinceridad y la competencia". Todos, instintivamente, nos hacemos dos preguntas al conocer a alguien nuevo: "¿Cuáles son sus intenciones?", y "¿Qué capacidad tiene para alcanzarlas?". Cuando somos amables, estamos diciendo que no vamos a jugar al dominio; cuando somos sinceros, expresamos que queremos jugar un juego justo; cuando somos competentes, dejamos claro que no sólo somos útiles para nosotros mismos, sino también para los demás. Pero,¡cuidado! históricamente, los líderes que han tenido éxito lo han logrado contando una historia que demostraba a sus compañeros de grupo que merecían más estatus que los demás.
  • "Nunca olvides que estás soñando". Saber que estamos jugando ya nos proporciona una sabiduría mayor que, sencillamente, ser parte del juego sin ser consciente de ello. Por ejemplo, alcanzada una edad, no tiene sentido jugar contra los jóvenes en juegos de juventud: lo que hay que hacer es, basándonos en nuestra experiencia, encontrar nuevos y mejores juegos. También debemos ser conscientes de nuestra propia vulnerabilidad, y lo fácil que es dejarse arrastrar por nuevos juegos, especialmente los establecidos por la élite de la sociedad a la que pertenecemos. Finalmente, los juegos de estatus son una gran trampa, y nadie es capaz de ganarlos de manera absoluta: es un mito. El sentido de la vida no es ganar, sino jugar.

Personalmente, el libro me resultó difícil de leer, por dos motivos: está escrito en un inglés rico y culto, alejado del habitual inglés limitado y pragmático de mi trabajo como consultor; y parece un empeño del autor demostrar que, no importa el juego de que se trate, siempre puede radicalizarse y acabar siendo destructivo para sus jugadores. Respecto al primer punto, poco podía hacer que no fuera seguir leyendo con un diccionario a mano; respecto al segundo, creo que al libro le faltarían algunos ejemplos en los que los juegos de estatus hayan tenido un resultado positivo para sus jugadores o la humanidad en general. Por ejemplo, la lucha por el prestigio que mueve a muchos científicos puede degenerar en prácticas poco éticas, pero empuja a la ciencia en perseguir objetivos cada vez más ambiciosos, ampliando nuestro conocimiento sobre el mundo.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Aprendiendo de las crisis anteriores, de Pablo Gil

Otro de mis intereses es la economía, y una de las preguntas que suelo hacerme al respecto es si, como disciplina, se consigue aprender de situaciones negativas anteriores para evitarlas en el futuro. Esto es: si el sistema capitalista, el vigente en la mayor parte de las economías del mundo, podría ajustarse, mejorarse, para lograr que fuera antifrágil, en el sentido de Taleb. Sobre este tema, el propio Taleb ya ha dicho mucho, y muy crítico, sobre los bancos centrales, el sector financiero y la gestión de riesgos.

Sin entrar en un terreno tan profundo, este libro de Pablo Gil, reconocido inversor e influencer del mundo del trading en España, prometía explicar los orígenes de las crisis económicas de los últimos cuarenta años, apoyándose además en el análisis técnico de los mercados. Encontré la obra en la Biblioteca de Castilla y León de Valladolid, después de, probablemente, 28 años sin haberla visitado: para tomar prestado el libro tuvieron que volver a registrarme, ya que mi perfil había desaparecido.

Yendo al grano:

  • Creo que Gil hace un trabajo muy bueno en explicar el origen, trascurso y ¿desaparición? de esas crisis económicas para un lector de nivel medio: supongo que a un lego en el mundo de la economía se le puede hacer duro, y a un experto se le puede quedar corto. Obviamente, ni unos ni otros son objetivos de la publicación, así que creo que el nivel es acertado.
  • Los incisos contando su experiencia personal en cada episodio de crisis, que podrían haber caído en la autocomplacencia o en la trivialidad, en realidad resultan interesantes, y permiten echar un vistazo a las cocinas donde se pergeña todo este tinglado. Llego a pensar que el libro podría ser mucho más entretenido si se hubiera escrito al revés: desde una perspectiva vivencial de cada caso, personal, con pequeños bloques que explicaran las situaciones con un contexto económico mayor.
  • Sin embargo, la explicación previa sobre análisis técnico se queda en un terreno medio que no llega a satisfacer al lector curioso con este tema, y puede disuadir al meramente curioso.
  • En este punto, he de reconocer que mi prejuicio sobre el análisis técnico de inversiones se ha confirmado con la obra de Gil: intentar predecir el futuro de una operación a través de búsqueda de patrones en las gráficas de cotizaciones e índices me parece que roza la alquimia y, a lo sumo, produce explicaciones útiles a posteriori:
    • El problema de la escala; o, como ya explicó Mandelbrot, la naturaleza fractal del mercado financiero. Esto hace imposible la toma de decisiones mediante la búsqueda de patrones "geométricos". Si uno encuentra un patrón "hombro-cabeza-hombro" a escala semanal, ¿realmente significa algo relevante, si el patrón se esfuma subiendo a escala mensual o diaria?
    • La falta de un enfoque científico del análisis técnico o, al menos, aquí lo he echado de menos. Hemos de utilizar hipótesis falsables, y confrontarlas con la realidad, ya que no podemos ejecutar experimentos controlados. ¿Todos los patrones "hombro-cabeza-hombro" realmente son prólogos de una caída? ¿Cómo podríamos demostrarlo? Y su ausencia, ¿nos debe quitar la preocupación de la cabeza?
Finalmente he decidido comprar el libro, aunque sea en formato Kindle, para tener una referencia explicativa de las crisis financieras de las últimas décadas. En este sentido, creo que Pablo Gil hace un buen trabajo, y he quedado satisfecho con su lectura.

domingo, 27 de agosto de 2023

España Invertebrada, de José Ortega y Gasset


Qué decepción. Leí este ensayo de Ortega y Gasset hace ya muchos años, siendo más joven, buscando claves que me ayudaran a entender el puzle que era entonces, y es ahora, España. Algunas de mis referencias culturales hacían alusión a España Invertebrada como un intento lúcido de explicarnos, con claves que todavía se mantenían vigentes ochenta, noventa años más tarde. El poso que quedó en mí de aquella primera lectura fue positivo, aunque con la sensación de que la explicación era incompleta.

Pero tras esta segunda lectura, con la madurez ganada en mi recorrido intelectual, sólo me queda un sentimiento de decepción. Algunos motivos:

  • Respecto a la invertebración, Ortega hace una serie de juicios sobre la integración de los diversos reinos que compusieron "las Españas", llegando a los movimientos separatistas de vascos y catalanes. Sin duda, Castilla arracimó al resto de territorios y sensibilidades nacionales cuando el viento venía de popa: Castilla, con la conquista de Granada, las victorias sobre Francia en Italia, y el descubrimiento de América, era un reino con un impulso y recursos a los que los demás sólo podían, ¿o querían? sumarse. Los Reyes Católicos fueron un punto de inflexión. Pero de ahí a que, cuando el viento cambió a la contra, afirmar como hace Ortega que "Castilla ha hecho España, y Castilla la ha deshecho", me parece un salto con tirabuzón poco argumentado en la obra, y cae en el ventajismo de apalear al cadáver que ya no puede hacer nada para evitarlo. ¿Qué fuerza desintegradora puede tener Castilla, la que, según Machado, estaba "envuelta en sus andrajos"? ¿El desastre del 98 tuvo un único culpable político? Una vez unificada la soberanía (si se puede expresar así) con los Austrias, que no el gobierno, que era polisinodial, Castilla soportó durante siglos, prácticamente en solitario, el andamiaje del imperio, con presiones fiscales siempre crecientes, con aportaciones de recursos constantes: tanto las levas periódicas que barrían con la juventud del pueblo castellano, como la dedicación de sus nobles a las ambiciones de sus reyes. Mientras tanto, su economía destrozada por el expolio americano, las deudas con los prestamistas extranjeros, y las medidas macroeconómicas erróneas (devaluaciones, defaults) iban secando Castilla año a año. Cuando la estrella de nuestro hegemon decayó, como decaen todos finalmente, los compañeros interesados de viaje, que poco ayudaron en su devenir, decidieron que quería caminar por su lado. Nada que criticar al respecto; pero me parece cobarde echar la culpa a Castilla de esas fuerzas centrífugas.
  • En realidad, sobre la invertebración de España trata la primera mitad del ensayo; la segunda mitad, Ortega y Gasset vuelve a su tema preferido, "las masas", achacándoles los principales males políticos no sólo de España, sino de todo Occidente. Ya leí opiniones parecidas en Campoamor. Pareciera que Ortega dijera, "yo soy élite, y me debéis hacer caso, que vosotros no podéis saber qué es lo mejor para todos". En el extremo, dentro de una democracia, llegaríamos al famoso "es que votáis mal", achacado a Vargas Llosa, pero blandido, con diversos matices, por cualquier partido político cuando los resultados no le acompañan. Es como si la historia de España fuera un movimiento de péndulo entre el "qué buen vasallo sería si tuviera buen señor" del Cid, y una especie de "qué buenos señores tendríamos si tuviéramos mejores vasallos", de Ortega y seguidores. Y, mientras tanto, la historia es lo que pasa mientras cruzamos espadas dialécticas inanes entre el hoi oligoi y el hoi polloi.
  • Ortega busca en la historia de España las raíces de nuestros males, más allá de la invertebración, y aquí hace una serie de juicios que basa en su propio criterio, sin aportar argumentos históricos de apoyo. Llega a la Edad Media y al debate sobre la existencia de auténtico feudalismo en España o no. Debo reconocer que achacar la raíz de nuestro problemas a que, en el sorteo del hundimiento del imperio romano, nos tocaran "los godos malos", me pareció traído por los pelos. 
  • Es gracioso cómo, en las últimas páginas del ensayo, y como de refilón, Ortega incluya un aspecto importante de la sociedad española que, dado el poco espacio que le dedica, le debió parecer secundario: el desprecio por la cultura y la ciencia de las clase alta y media-alta (burguesa) de España, tanto en Castilla como en el resto de regiones. Esto lo he podido experimentar en primera persona: se desprecia el conocimiento, en general, como señal de baja estofa, como su fuera una dedicación menor, no merecedora de atención y cuidado como sí lo merecen el dinero o la clase (nobleza). Quizá esto fue menos acusado en profesiones como la abogacía o la medicina pero, en el fondo, se mide el valor de sus profesionales por su posición económica o por sus relaciones sociales. En el extremo, llegamos al desprecio tradicional por la ciencia, cristalizado por el "que investiguen ellos", de Unamuno.
En realidad, aunque indignado, y a la contra, el ensayo me ha hecho reflexionar, he debido juzgar qué afirmaciones de Ortega en esta obra me parecían acertadas, arbitrarias o erróneas, y me ha hecho buscar otras referencias para asentar mi propio criterio o aceptar el del filósofo. En este sentido, "España Invertebrada", uno de los pocos libros que he leído más de una vez, ha sido una buena lectura para mí. Otra cosa es el sabor de boca que me ha dejado.

martes, 15 de agosto de 2023

El reino del lenguaje, de Tom Wolfe

Mi admiración como intelectual sin pelos en la lengua de Noam Chomsky, y algunas cuantas reseñas favorables, me hicieron llegar a esta obra de Wolfe, la última antes de su muerte, si estoy bien informado. Wolfe, como buen periodista que huele una buena historia, aprovecha la controversia actual entre académicos sobre el origen del lenguaje para hacernos una crónica ágil, aunque llena de detalles, de las primeras dificultades de la teoría de la evolución, y del actual conflicto entre lingüísticas acerca del origen del lenguaje en la especia humana.

En la primera parte, Wolfe nos desmitifica a Darwin, haciendo justicia sobre la aportación de Alfred Russel Wallace a la teoría de la evolución de las especies por selección natural. Describe todas las dificultades de la teoría, sus defensores y detractores, a lo largo de la Inglaterra del s. XIX. La crónica finaliza cuando todos los involucrados, a favor y en contra, tienen que reconocer que no pueden dar una explicación al nacimiento del lenguaje en la especia humana, o encuentran algunas muy poco plausibles.

En la segunda parte, Wolfe analiza la revolución que supuso la aparición de Noam Chomsky en la lingüística, dotándola de un enfoque matemático, y defendiendo la aparición innata del lenguaje en todos nosotros, común a todas las personas, no importa qué lenguas hablen. El auto se ensaña especialmente en el rol de intelectual que Chomsky asumió a partir de la Guerra de Vietnam, y cómo eso le dotó de un segundo halo de autoridad que admitía poca diferencia de opinión. Y, este escenario de dominio absoluto de Chomsky, llega Daniel Everett, lingüista casi por casualidad, que estudió durante más de veinte años a la tribu pirahã en lo más recóndito de la selva amazónica de Brasil, que tira por tierra todos los postulados de Chomsky sobre el innatismo del lenguaje y la existencia de un mecanismo común a toda la raza humana, la recursividad, que nos una estructura común a todas las lenguas. La lengua de los pirahã no tiene ni pasado ni futuro, ni palabras para designar a los colores, ni oraciones subordinadas; como sociedad, carecen de jerarquía y estructura social, apenas hacen herramientas, y llevan a cabo una crianza de sus niños bastante "despreocupada". La base fundamental de los planteamientos del tótem Chomsky saltando por los aires. Y desde Everett, la lingüística ha dejado de ser una disciplina científica tranquila, de despacho, para tener que salir ahí afuera a investigar y estar dispuesto a cruzar espadas con otros compañeros de profesión.

Y, a todo esto ¿qué opina Wolfe? Pues tampoco queda muy claro. Parece resolver la disputa empleando el concepto de mnemotecnia, tan viejo como los primeros filósofos griegos clásicos, pero, en los párrafos finales, descarta que algo tan especial como el lenguaje puede haberse desarrollado por "mera" evolución de la especie.

Lo cierto es que, con una prosa ágil, tocando con solidez desde los palos más académicos hasta las expresiones más coloquiales, Wolfe nos lleva casi flotando por dos controversias científicas que, sin su talento, habrían sido mucho más áridas, y menos interesantes. Pero, al acabar el libro, uno se queda con la sensación de haber leído un buen artículo periodístico, de calidad, típico de las revistas top-notch, pero un poco más largo: una larga y dulce golosina que, al final, tampoco deja un sabor que vayamos a recordar en el futuro. Supongo que es uno de los efectos del "nuevo periodismo", de esa mezcla entre literatura y periodismo que Wolfe, entre otros, trabajó con gran éxito durante la segunda mitad del siglo XX.

jueves, 3 de agosto de 2023

En la mitad de la vida, de Kieran Setiya

Qué delicia de libro. Cercano y breve (cada vez lo valoro más), pero profundo, reflexivo. Un decente libro de filosofía para el público general, sobre un tema delicado: no cae ni en las trivialidades de los libros de autoayuda, ni en las profundidades intelectuales de una obra académica, ni tampoco es material de psicología. Bueno, no es nada de esto, pero es un poco de todo ello. Setiya nos comparte su camino personal en buscar respuestas a las preguntas que nos surgen cuando parece que se nos cierran los caminos y sólo queda recorrer hasta el final en el que tenemos delante. Como buen académico, inicialmente barre los pasos previos de psicólogos y sociólogos sobre el fenómeno, controvertido, de la "crisis de la mediana edad": no falta gente que opina que es un problema de un sector de la población muy concreto, el hombre blanco de mediana edad y clase media.

Pero creo que todos, hombre y mujeres, una raza u otra, si no estamos acuciados por necesidades básicas de supervivencia, compartimos las mismas preguntas en diferentes momentos de nuestra vida: ¿qué habría pasado si hubiéramos tomado otros caminos? ¿cómo superar las malas decisiones que hemos tomado? ¿cómo afrontamos lo que nos queda, ya esté lleno de incertidumbre o de aburrida seguridad, teniendo mucha menos inocencia y energía? ¿qué podemos hacer ante un final que ya no parece tan lejano?

No voy a hacer aquí un resumen exhaustivo, porque me guardo la relectura de esta obra para cuando me asalten de nuevo estas cuestiones. Por dar algunos apuntes, Setiya destaca la necesidad de realizar actividades que tengan valor por sí mismas, y que no sean obligaciones y responsabilidades; también, nos invita a orientar nuestras acciones disfrutando de su propio devenir, viviendo en el proceso, sin focalizarnos en objetivos cuyo sucesivo cumplimiento sólo consigue dejarnos un vacío existencial.

Dos cosas me gustaría destacar. La primera, Satiya aporta referencias filosóficas de peso, desde el estoico Epicuro al desengañado y lúcido Schopenhauer, u otras con menos enjundia, como el famoso Eckhar Tolle, pero no deja que le arrastren, dejando claro que no está de acuerdo con algunas de sus afirmaciones, y mostrando que hay otros caminos posibles.

La segunda, creo que el libro toca puntos claves de la crisis de la media edad, pero hay otros que no revisa que pueden ser más complicados de tratar con este planteamiento, como la sexualidad, la enfermedad, o cómo los que te rodean tienen, o quieren, acompañarte en esta fase de la vida. Probablemente, tratar todos estos temas de manera integral requeriría un libro de psicología más académico, exhaustivo en temas y más profundo en estudios y referencias. 

En la mitad de la vida pasa a la estantería, con la seguridad de que, en el algún momento del futuro, volveré a él para reflexionar de nuevo.

lunes, 17 de julio de 2023

La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor

Clara Campoamor era, como persona relevante de la Segunda República, ya conocida de lecturas previas. Su defensa del voto femenino me parece uno de los episodios más relevantes de aquel periodo a nivel político. A nivel personal, fue la demostración de la capacidad intelectual y el tesón de una mujer que no lo tuvo nada fácil, como ninguna, en un terreno de juego difícil: pocos amigos políticos tuvo Campoamor para apoyar sus propuestas, y menos la del voto de la mujer

Como breve presentación de la persona, debemos decir que Clara Campoamor fue política liberal, militante de diversos partidos republicanos, famosa por ser la primera mujer de la historia que tomó la palabra en el Congreso de los Diputados en España y su defensa del voto femenino en las deliberaciones de septiembre de 1931. A pesar de la oposición de muchos de sus aliados políticos, incluida la diputada Victoria Kent, el 1 de octubre de 1931, con 161 votos contra 121 (pero sin los votos de 188 diputados), se acepta el derecho al voto de la mujer. También apoyó la ley de divorcio.


En este libro, la política desgrana los errores de la República que llevaron a la Guerra Civil, y las dificultades y atrocidades que se cometieron por el bando del gobierno en Madrid. Ambas cosas son narradas desde el punto de vista de la escritora, algo que no se oculta en ningún momento: es la crónica personal de la diputada Campoamor de los hechos políticos y sociales que llevaron a la guerra, y su experiencia vital una vez se produjo el levantamiento y la capital fue tomada por las fuerzas de los partidos de izquierda.

En este sentido, se puede decir que la obra tiene todo lo bueno y todo lo malo de una perspectiva personal de unos acontecimientos históricos: inmediatez y profundidad, de primera mano, sobre detalles, fechas, personas, lugares... pero también una visión forzosamente parcial y condicionada. Campoamor no pudo presenciar, por ejemplo, las atrocidades del lado nacional, que estoy seguro también la hubieran horrorizado. Además, el planteamiento es controvertido, ya que Campoamor habla de "revolución" por parte de los partidos socialista, comunista y anarquista, no de levantamiento, golpe de estado o asonada militar por parte del bando nacional.

Enumeraré algunos puntos que me parecieron destacables, partiendo de mi bagaje sobre la Segunda República y la Guerra Civil:

  • Campoamor achaca muchos de los errores de los gobiernos de izquierda de la república a maquinaciones y ambiciones de Indalecio Prieto, una figura que, hasta el momento, me parecía de socialismo moderado, balanceando las posturas más radicales de Largo Caballero. Me lo apunto como figura sobre la que investigar más.
  • Un problema estructural, más bien existencial, de la izquierda y del republicanismo en la España de aquel tiempo y, quizá, en el presente, hoy en 2023, es la división en su posición política. El Frente Popular supuso la unión de frentes ideológicos muy distintos, a los que denominar en conjunto "izquierda" es un error de brocha gorda. Estaba claro que, una vez en el poder, cada cual iba a ir por su lado, torpedeando cualquier atisbo de cohesión política y progreso del estado.
  • Campoamor echa la culpa a los propios gobiernos de izquierda y republicanos de la desafección de ejército y, por tanto, de su levantamiento. Para ello defiende que muchos de sus cuadros superiores eran masones, y que había casos de explícito republicanismo entre ellos, como es el caso de Queipo de Llano. Tras mis lecturas de diversas fuentes, creo que no se puede echar "la culpa" del levantamiento, de manera tan directa, al Frente Popular. El levantamiento fue una cristalización de una serie de inquietudes y descontentos, no solamente políticos, que pudo llevarse a cabo porque un grupo concreto de altos mandos militares sintieron que tenían el poder para hacerlo... y a ello les apoyaron otros grupos sociales que querían mantener sus privilegios, como los monárquicos, los terratenientes, o la propia Iglesia (y aquí soy yo el que está simplificando demasiado, lo reconozco).

La edición en sí misma incluye además una biografía de Campoamor al comienzo, y algunos añadidos finales como aspectos de su vida personal, algunos extractos periodísticos, referencias biográficas de algunas personalidades relevantes a las que alude la autora y un listado de fuentes y notas.

Para finalizar, debo reconocer que esta obra, escrita desde el testimonio directo y la pasión política, me ha abierto perspectivas nuevas sobre este periodo de la historia de España, y me ha hecho reflexionar sobre el rol de mujeres destacadas en la Guerra Civil, algo en lo que seguiré indagando en posteriores lecturas.