Pequeño e incompleto cuaderno de bitácora de mis navegaciones por el mar interior, según sus estímulos (libros y otras cosas) y fenómenos relevantes externos (viajes y otros planes).
sábado, 20 de febrero de 2021
Understanding Greek Welfare de Matthew A. Sears
domingo, 7 de febrero de 2021
Ulises y la comadreja, de Georg von Wallwitz
La verdad es que el libro es una delicia en cuanto a la erudición que trasmite y la facilidad de lectura: es difícil no devorarlo de una sola sentada. Por otro lado, la tesis queda más o menos clara desde el principio, y el discurso no sigue una línea demasiado cartesiana, ni fluye de manera contínua: el autor ha volcado con estilo elegante su conocimiento y experiencia casi como si nos lo estuviera contando en una agradable conversación. Entiendo que Von Wallwitz hubiera sido capaz de hacer algo más académico o literario, pero tampoco era ése el punto.
Las metáforas (no sé si estoy siendo preciso) de Ulises y la comadreja están un poco traídas por los pelos. La diferencia entre el ideal que los no iniciados tenemos sobre cómo son aquéllos que trabajan en finanzas y cómo son en realidad no queda bien plasmada entre los arquetipos que emplea el autor. Por otro lado, la importancia de la economía del comportamiento (behavioural economics) y el azar en las decisiones, no sólo de los inversores pequeños y aficionados, sino también de los profesionales maduros y grandes instituciones, está demostradas a través de ejemplos bien traídos desde diversos momentos de la historia.Finalmente, otro aspecto muy positivo del libro es la Bibliografía recomendada al final de la obra: es un tesoro de nuevas lecturas con los que seguir alimentando esta travesía intelectual. No sé si fiarme de que Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, de Keynes, sea tal accesible al común de los mortales como dice Von Wallwitz: quizá haya que planteárselo como lectura de verano... algún año de éstos.
viernes, 1 de enero de 2021
El país de los pájaros que duermen en el aire, de Mónica Fernández-Aceytuno
La obra rezuma amor a la naturaleza en cada página, y particularmente a la naturaleza de los ecosistema de España. Y también trasmite un intenso humanismo cuando habla tanto de las personas que viven de la naturaleza, como agricultores, ganaderos o pescadores, como de las que viven para la naturaleza, como científicos, ingenieros o agentes forestales.
Uno de los aspectos que más me ha gustado del libro es el cuidado del lenguaje, recuperando vocablos y expresiones que se han ido perdiendo en el tiempo. En algunas entradas, se roza la prosa poética, a veces con musicalidad perfecta, otras adoleciendo de romanticismo que resulta un poco naïf. Tiene, en todo caso, párrafos para enmarcar, y frases para guardarlas en la memoria.
Sé que volveré a este libro muchas veces, cada vez que sienta curiosidad por la naturaleza que nos rodea en un momento concreto del ciclo anual. También sé que lamentaré olvidar algunos de los pasajes de la obra. Leer "El país de los pájaros que duermen en el aire" durante todo el año 2020 ha sido, con pandemia, confinamiento y teletrabajo, toda una experiencia.
miércoles, 30 de diciembre de 2020
Las cosas como son, de Pau Luque
Quizá sea porque no coincido con algunas de las conclusiones del autor. Pero, entonces ¿por qué otras obras desafiantes me absorben hasta el final? O quizá sea que no conozco las referencias que emplea. Pero, entonces ¿por qué cuando he leído a Montaigne, ignorando tantas cosas de los clásicos sobre los que se apoya, sigo absorto admirado de su sabiduría, y queriendo saber más?
Me quedo, en todo caso, con un par de apuntes para continuar mi camino cultural: Isaiah Berlin, también referenciado por otras obras de política e historia que ya había leído y, sobre todo, Iris Murdoch, con El mar, el mar. Si acaso por esto, el libro se salva de la quema en mi hoguera particular. Y a por otras lecturas.
domingo, 20 de diciembre de 2020
Los perdedores de la historia de España, de Fernando García de Cortázar
Tras la lectura de "Historia del poder político en España", de Villacañas, el cuerpo me pedía más historia patria, pero evitando obras generalistas, ensayos muy especializados o divulgaciones de los caminos más trillados. Y esta obra, "Los perdedores..." cumplía con no ser ninguna de las tres cosas, ya que recorre, desde la rebelión de Sertorio hasta las víctimas de ETA, las vidas de los derrotados, expulsados o, sencillamente, olvidados de la historia de este país. Cada capítulo habla de un personaje o un colectivo que quedó en los restos de ceniza del tiempo.
sábado, 10 de octubre de 2020
Estrellas y Borrascas de Gastón Rebuffat, y Alimentar a la bestia, de Al Álvarez
No suelo leer literatura de montaña, por el mismo motivo por el que no suelo admitir recomendaciones de lectura o que me regalen libros: para mí, ambas cosas, los libros que leo, y las montañas que escalo, son un camino personal. Sin embargo, por consejo de un miembro de mi club de montaña, prestigioso y experimentado, me animé hace años con algunos clásicos como "Montañas de una vida", de Bonatti. Y desde entonces vuelvo de vez en cuando a este género, pero siempre desde los clásicos y con obras seleccionadas.
Hoy escribo esta reseña de dos libros que me han acompañado esta dos últimas semanas, durante un periodo de dolor personal en el que ni siquiera he podido salir a la naturaleza a evadirme y aclarar mis ideas. Han sido compañeros intelectuales que me han evocado los disfrutes y sufrimientos de la montaña en su estado más puro, y me han proporcionado el ansia por volver a anudarme la cuerda en el arnés y compartir esas experiencias con un buen amigo. Me han hecho falta, y ahí han estado, fieles, sabiendo estar a mi lado para acompañarme y calmar mi dolor sin inmiscuirse en mis sentimientos. Como los buenos amigos.

"Estrellas y Borrascas" es un librito breve pero de una lectura intensa y emotiva. Rebuffat sabe poner en valor su proeza de haber escalado por primera vez las seis caras norte más prestigiosas de los Alpes, con una humildad y humanismo que vibran en cada palabra. Al escribir, dedica largos y hermosos párrafos a la amistad compartida en las dificultares, o al sobrecogimiento ante el espectáculo grandioso de la montaña, y, sin embargo, despacha en un par de frases auténticas muestras de heroísmo y resistencia al límite, que quizá sólo quién se ha visto en situaciones parecidas podría realmente apreciar. Alpinismo destilado en estado puro.
"Alimentar a la bestia", la semblanza que le regaló Al Álvarez a uno de sus mejores amigos, "Mo" Anthoine, uno de los mejores alpinistas británicos de la historia, es tan fácil de leer como el anterior, y más accesible para el profano. Álvarez emplea con profusión el viejo truco británico de enaltecer al enemigo, en este caso, los desafíos alpinísticos que enfrentó Mo, para engrandecer al vencedor, pero sin utilizar ninguna dialéctica competitiva ni siquiera a nivel deportivo, algo que el propio Mo detestaba. Algún destello de típico humor británico, ingenioso pero un poco negro y cínico, decora la narración y al propio personaje.Cierro con algo que puede sonar extraño: darle las gracias a unos libros, a unas narraciones desconocidas para mí hasta ahora y que salieron de la imaginación de personas que ni siquiera pudieron concebir que yo existiera, y las leería. Su acompañamiento quedará en el recuerdo no sólo por sí mismas, sino además por el momento difícil que viví cuando disfruté de ellas. Gracias.
domingo, 13 de septiembre de 2020
Anatomía de un instante, de Javier Cercas
Una lectura pendiente desde hace tiempo, que finalmente acometí este verano. No es que el formato ayudara a llevarse el libro a la playa, pero, con las vicisitudes de este 2020, tampoco iba a haber grandes días playeros. Y el tema me interesaba. La obra de Cercas proponía un análisis detallado del golpe del 23-F, girando alrededor del momento en que los guardias civiles entran en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, gritando y disparando, y Adolfo Suárez se mantiene incólume en su escaño. Es justamente el momento reflejado en la foto de la portada, ni minutos antes, ni después. Todos los demás diputados se esconden en sus escaños, excepto Guitérrez-Mellado, encarado a los golpistas intentando inútilmente hacer valer su autoridad militar, ni Santiago Carrillo, fuera de campo, pero con la misma actitud que Suárez,
Curiosamente, creo que el libro no es una anatomía. El autor intenta cubrir todos los frentes posibles del evento histórico, incluso barriendo diferentes posibles interpretaciones o hipótesis a algunos temas, pero su estructura no es cartesiana. Estilísticamente es difícil de clasificar. El propio autor reconoce que el libro que finalmente le salió es el fracaso de un intento de novela. Tampoco es un ensayo, y menos aún una obra académica. Frases sin fin, encadenando matices y alternativas entre comas, piden una lectura rápida a la que hay que acostumbrarse. Una vez habituado, me quedó la sensación de estar leyendo un largo monólogo de alguien a quien se está entrevistando.Gracias a ese estilo, Cercas puede navegar sin fisuras entre la crónica histórica, el reportaje político y los aspectos personales de los protagonistas, más emocionales y psicológicos. Imagino que una novela se dejaría arrastrar más por los personajes, mientras que un ensayo daría más peso al registro de los hechos y sus circunstancias de un modo más frío. He leído ensayos históricos donde he echado de menos un análisis del por qué de la actuación de sus protagonistas; y, por otro lado, rechazo el género "novela histórica" porque suele sacrificar cualquier intento de rigurosidad o exploración intelectual ante la satisfacción inmediata de una lectura fácil y anodina.
Gran parte del libro se dedica a la propia vida de Adolfo Suárez, obviamente. Hay que recordar que el libro declara ser el análisis de ese instante en el que Suárez está solo en su escaño, no la crónica del golpe en sí mismo. Su semblanza está salpimentada por referencias a filósofos políticos que han reflexionado sobre qué es un político puro, qué características definen a un hombre así.
En el capítulo final, el único en el que el escritor asoma en su obra, y el único en el que las emociones menos políticas aparecen, Cercas reconoce por qué escribió el libro: para comprender mejor a su propio padre, "suarista" hasta el final, y, en realidad, comprender a toda una generación de españoles que vivió en primera persona la Transición con una extraña mezcla entre pasividad (¿aquiescencia, hastío, lassez-faire?) y esperanza.
Me quedo, para cerrar, con una frase que no recuerdo con precisión, pero que me pareció, en cierto sentido, certera: que la guerra (la Guerra Civil) acabó con el final del golpe. No sé si es completamente cierta en lo que dice; pero sí es fácil ver que algunos capítulos escritos en la historia de España se cerraron entre el 23 y el 24 de febrero de 1981.












