lunes, 17 de julio de 2023

La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor

Clara Campoamor era, como persona relevante de la Segunda República, ya conocida de lecturas previas. Su defensa del voto femenino me parece uno de los episodios más relevantes de aquel periodo a nivel político. A nivel personal, fue la demostración de la capacidad intelectual y el tesón de una mujer que no lo tuvo nada fácil, como ninguna, en un terreno de juego difícil: pocos amigos políticos tuvo Campoamor para apoyar sus propuestas, y menos la del voto de la mujer

Como breve presentación de la persona, debemos decir que Clara Campoamor fue política liberal, militante de diversos partidos republicanos, famosa por ser la primera mujer de la historia que tomó la palabra en el Congreso de los Diputados en España y su defensa del voto femenino en las deliberaciones de septiembre de 1931. A pesar de la oposición de muchos de sus aliados políticos, incluida la diputada Victoria Kent, el 1 de octubre de 1931, con 161 votos contra 121 (pero sin los votos de 188 diputados), se acepta el derecho al voto de la mujer. También apoyó la ley de divorcio.


En este libro, la política desgrana los errores de la República que llevaron a la Guerra Civil, y las dificultades y atrocidades que se cometieron por el bando del gobierno en Madrid. Ambas cosas son narradas desde el punto de vista de la escritora, algo que no se oculta en ningún momento: es la crónica personal de la diputada Campoamor de los hechos políticos y sociales que llevaron a la guerra, y su experiencia vital una vez se produjo el levantamiento y la capital fue tomada por las fuerzas de los partidos de izquierda.

En este sentido, se puede decir que la obra tiene todo lo bueno y todo lo malo de una perspectiva personal de unos acontecimientos históricos: inmediatez y profundidad, de primera mano, sobre detalles, fechas, personas, lugares... pero también una visión forzosamente parcial y condicionada. Campoamor no pudo presenciar, por ejemplo, las atrocidades del lado nacional, que estoy seguro también la hubieran horrorizado. Además, el planteamiento es controvertido, ya que Campoamor habla de "revolución" por parte de los partidos socialista, comunista y anarquista, no de levantamiento, golpe de estado o asonada militar por parte del bando nacional.

Enumeraré algunos puntos que me parecieron destacables, partiendo de mi bagaje sobre la Segunda República y la Guerra Civil:

  • Campoamor achaca muchos de los errores de los gobiernos de izquierda de la república a maquinaciones y ambiciones de Indalecio Prieto, una figura que, hasta el momento, me parecía de socialismo moderado, balanceando las posturas más radicales de Largo Caballero. Me lo apunto como figura sobre la que investigar más.
  • Un problema estructural, más bien existencial, de la izquierda y del republicanismo en la España de aquel tiempo y, quizá, en el presente, hoy en 2023, es la división en su posición política. El Frente Popular supuso la unión de frentes ideológicos muy distintos, a los que denominar en conjunto "izquierda" es un error de brocha gorda. Estaba claro que, una vez en el poder, cada cual iba a ir por su lado, torpedeando cualquier atisbo de cohesión política y progreso del estado.
  • Campoamor echa la culpa a los propios gobiernos de izquierda y republicanos de la desafección de ejército y, por tanto, de su levantamiento. Para ello defiende que muchos de sus cuadros superiores eran masones, y que había casos de explícito republicanismo entre ellos, como es el caso de Queipo de Llano. Tras mis lecturas de diversas fuentes, creo que no se puede echar "la culpa" del levantamiento, de manera tan directa, al Frente Popular. El levantamiento fue una cristalización de una serie de inquietudes y descontentos, no solamente políticos, que pudo llevarse a cabo porque un grupo concreto de altos mandos militares sintieron que tenían el poder para hacerlo... y a ello les apoyaron otros grupos sociales que querían mantener sus privilegios, como los monárquicos, los terratenientes, o la propia Iglesia (y aquí soy yo el que está simplificando demasiado, lo reconozco).

La edición en sí misma incluye además una biografía de Campoamor al comienzo, y algunos añadidos finales como aspectos de su vida personal, algunos extractos periodísticos, referencias biográficas de algunas personalidades relevantes a las que alude la autora y un listado de fuentes y notas.

Para finalizar, debo reconocer que esta obra, escrita desde el testimonio directo y la pasión política, me ha abierto perspectivas nuevas sobre este periodo de la historia de España, y me ha hecho reflexionar sobre el rol de mujeres destacadas en la Guerra Civil, algo en lo que seguiré indagando en posteriores lecturas.


viernes, 2 de junio de 2023

Madrid, de Andrés Trapiello

Por fin pude hincarle el diente a esta obra, que llevaba en la lista de deseos desde hace mucho tiempo. Trapiello, escritor, opinador, polemista a su modo, hace su homenaje al sitio que siente su casa, con un pedazo libro de más de quinientas páginas, en edición cuidadísima: tapa dura, buen papel, elegante tipografía, fotografías engarzadas en los textos... 

En la primera parte, siguiendo las primeras experiencias vitales del autor en Madrid, se van contando cosas de la villa de esos tiempos, años 70 y 80 del siglo pasado, entremezcladas de datos históricos y curiosidades (o al revés). La segunda parte,  "Retales madrileños", está compuesta por una serie de temas transversales, como "Madrid y la literatura", o "Madrid y la chulería", añadiendo más detalles a los asuntos tratados en la primera. Hay, además, un glosario de términos madriñelísticos, un listado de personas y lugares, y un personal epílogo.

A mi entender, en la primera parte tienen más interés los episodios vitales del propio Trapiello, que busca contarnos cómo era Madrid en aquellos tiempos en primera persona, con la viveza y autenticidad de alguien que sí estuvo allí. La segunda se vuelve un poco repetitiva, porque muchos datos ya se dieron en la primera. Aunque se agradece el ejercicio de maquetación para integrar textos y fotografías, hubiera sido ya un libro de bandera con más fotos, aunque quizá sería entonces otro concepto, "à la table-book".

Obviamente, no es una guía para conocer Madrid para un turista: quizá, tampoco, para un madrileño que quiera acercarse histórica o enciclopédicamente a la villa. Creo que Trapiello ha logrado un libro más interesante integrando su propia vivencia, llena de reconocido amor por la ciudad, con un aporte masivo de datos obtenidos por un esforzado trasiego de referencias, aderezado todo ello por sus opiniones personales nada disimuladas.

Podrá uno estar de acuerdo o en desacuerdo con Trapiello en muchas de sus afirmaciones, pero la obra es mucho más cercana así: como si fuera una charleta larga de un amigo friki de Madrid, delante de unas cervezas en la terraza de la Cervecería Santa Bárbara. Algunas afirmaciones rezuman amor por la villa; otras, la caracterizan por cosas menos positivas, no todo es de color pastel. Me quedo con una sentencia que me encantó: "en Madrid, al que viene de fuera, se le llama madrileño". Creo que ése es el mayor valor que tiene esta ciudad: al abrirse a cualquiera que venga a ganarse la vida en ella, es una ciudad radicalmente "humanista", como el Galdós del que tanto se habla en esta obra. "Pueblo nací y pueblo soy", como decía Fortunata. 

sábado, 29 de abril de 2023

Life ascending, de Nick Lane

Seguimos con nuestra línea personal de indagación sobre evolución y genética. A medida que iba leyendo sobre estos temas, se hacía evidente que, en el proceso de evolución, debía haber momentos únicos en los que se producía un cambio radical en los mecanismos de la vida. Por ejemplo: la constitución de las primeras moléculas basadas en el carbono; o, por poner otro caso, la primera vez que una molécula se reprodujo a sí misma. Pensando un poco, se nos ocurren momentos así sin mucho esfuerzo. Y como momentos únicos, saltos cuánticos, no obedecen a un proceso gradual de adaptación.

Así que me puse a buscar nuevas lecturas que trataran estos momentos únicos: no podía ser el primero al que se le ocurriera, obviamente. Encontré varias obras que han pasado a la lista de pendientes, y me animé con ésta, Life Ascending, que prometía explicar los diez principales saltos, "invenciones", dice el subtítulo, de la evolución de la vida. Los voy a enumerar aquí como modo de recordar su lectura:

  • Claramente, el nacimiento de la vida en sí mismo. Es curioso como todo el mundo recuerda el experimento de Miller y Urey, cuando hace tiempo que ha sido descartado en favor de otras teorías con mayor fundamento.
  • La molécula que es la base de todo, el ADN: el áxido desoxirribonucleico.
  • La fotosíntesis: toda nuestra energía no es más que un rayo de luz de sol capturado en forma de comida.
  • La célula como sistema: el milagro de que miles de moléculas con distintas funciones, e incluso bacterias, se coordinen en un complejo único.
  • El sexo: un sistema extraño, complicado, y gran consumidor de energía, para aleatorizar la herencia genética, ¿o para algo más? 
  • El movimiento: me quedé con la idea de que el aparato muscular es, en realidad, una parte del sistema nervioso. En el fondo, el sistema nervioso nació para poder movernos.
  • La vista: un sentido muy poco común en los reinos de la vida (la inmensa mayoría de los organismos son "ciegos"), pero que supone mucha diferencia sobre cómo viven los animales.
  • La sangre caliente: nunca hubiera puesto este punto en la lista, pero tiene unas consecuencias brutales, y nada sencillas de explicar.
  • La conciencia: ojo, tema espinoso que sigue muy abierto, y en el que Lane se moja con sus propias reflexiones.
  • La muerte: ¿por qué morimos... después de todo lo que ha sido necesario para que lleguemos a la vida? Aquí Lane también revisa las últimas teorías, y se anima a dar su propia opinión: que podremos ampliar nuestra vida "sana", no necesariamente nuestra longevidad.

En resumen, es el libro perfecto para lo que estaba buscando... no tiene todos los "momentos" que intuía, pero incluye otros en los que no había caído, y que eran tanto o más importantes. Eso sí: no me parece un libro para un lector común: más bien parece una obra divulgativa para científicos o ingenieros que no están involucrados en biología. Algo de química de mis tiempos de instituto he tenido que repasar, como las reacciones de oxidación-reducción. Y todo esto, en un inglés refinado, con vocabulario preciso pero de uso poco común, y muchos términos científicos. En todo caso, un libro al que sé que volveré como referencia, y buscaré otros de Nick Lane.

viernes, 7 de abril de 2023

Libros para un paréntesis

Cómo empezar esta entrada en el blog. Desde la última reseña, han pasado ocho meses que han estado llenos de dolor, incertidumbre, dependencia... y esperanza, amor, amistad y lucha. Durante este tiempo de convalecencia y recuperación, han sido muchos los libros que he leído, con diferente grado de interés. Aquí voy a enumerarlos todos los que finalicé con un breve comentario para que no se pierdan completamente en la memoria. Intentaré seguir el orden temporal con el que los leí. Vamos a ello.

  • Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite. Éste es el primero de una serie de audiolibros que escuché en las primeras semanas hospitalizado, cuando ni siquiera podía sostener un libro con las manos. El mayor problema era que, inevitablemente, por interesante que fuera la historia, acababa dormido, y tenía que retomar la audición hasta donde recordaba. Esta fábula de Martín Gaite fue una buena elección para aquellos días: es una bonita historia, bien escrita, y fácil de seguir. No es una gran obra en ningún sentido, pero guardo un buen recuerdo.
  • Castellano, de Manuel Rivas. Otro audiolibro, en este caso más difícil de seguir porque se entrelazan la historia de la revuelta de los Comuneros de Castilla con las experiencias vitales propias del autor sobre su identidad castellana. Tanto uno como otro hilo me resultaron muy interesantes: respecto a los Comuneros, porque, como castellano, me gusta conocer mejor su historia; y respecto al propio Rivas, porque me sentí muy cercano a sus dificultades identitarias.
  • Los asesinos del emperador, de Santiago Posteguillo. El tercer audiolibro que escuché, aunque éste fue imposible finalizarlo. Me encanta el mundo clásico, cualquier cosa relacionada con la Antigua Grecia o Roma, pero con este pastiche no pude. Además, sus constantes adelante y atrás temporales, entremezclando las vidas de distintos personajes, no lo pusieron fácil como audiolibro. No le pillé el punto a Posteguillo, a pesar de su éxito.
  • Klara y el sol, de Kazuo Ishiguro. Ya empezamos con los libros de papel. Éste es un regalo de Jaime, un jefe-compañero-amigo del trabajo, que fue a visitarme y estuvo siempre interesado en mi estado. Esta obra es pura orfebrería. Frases perfectas de puro sencillas, con cargas de profundidad de quilotones. Alimento para el pensamiento, como dicen los ingleses, párrafo sí párrafo no. Se lee tan ligero que te arrepientes de no quedarte más tiempo en cada descripción, en cada diálogo y, especialmente, en cada pensamiento de Klara.
  • Every Time I Find the Meaning of Life, They chnage It, de Daniel Klein. Un delicioso libro en el que un filósofo comenta, desde pequeñas experiencias personales, citas de otros filósofos y pensadores que ha ido recopilando a lo largo de su vida. Solía recurrir a este libro para aprovechar tiempos de espera en viajes, en los que no tenía mucho tiempo para leer pero quería disfrutar de una lectura con fondo. Finalmente, en pequeños ratos de mi convalecencia, me lo terminé sintiendo un poquito de pena: fue casi una despedida.
  • Cómo ser un Estoico, de Massimo Pigliucci. Tocaba ser un estoico, de eso no cabe duda. Marco Aurelio me abrió la puerta hace tiempo con sus Meditaciones; con Séneca disfruté de literatura de altos vuelos y llena de buen sentido con sus Tratados Morales. Para seguir conociendo más de esta escuela, opté por la introducción de Pigliucci. Me abrió nuevas vías de reflexión, y me descubrió a Epicteto, aunque creo que va muy lejos justificándolo en algunas de sus opiniones más radicales (véase más abajo).
  • The Haves and the Have-nots, de Branko Milanovic. Empleé este libro para intentar mantener el nivel de inglés mientras estaba en el hospital, leyendo en voz alta y apoyándome en el diccionario en línea del Kindle para consultar pronunciaciones. La verdad es que me sentí un poco decepcionado, porque me pareció una enumeración de casos prácticos sobre las dificultades estadísticas de las métricas de desigualdad a distintas escalas geográficas; poco se hacía referencia al por qué de las desigualdades. Algunos de los casos, que el libro llama "vignettes", hacían referencia a situaciones actuales o futuras, y otros analizaban escenarios históricos o hipotéticos, como el de Anna Karenina.
  • El peón, de Paco Cerdà. Éste fue otro regalo, de mi cuñada Mila; junto con su marido Blas, también han estado muy pendientes de mi todos estos meses. Familia con mayúsculas. La obra fue una elección mía: otro de los pasatiempos durante este tiempo fue el ajedrez, y las historias mezcladas de Bobby Fischer y Arturito Pomar, con el punto fijo de su partida de 1962 en Estocolmo, me provocaron suficiente curiosidad. Pero, además, Cerdá aprovecha este hilo para contarnos las vidas de personas que fueron peones de partidas más grandes, en las que ejecutaron sus movimientos siguiendo su compromiso personal o, sencillamente, su modo de ser, a pesar de las consecuencias. 
  • El tiempo de los héroes, de Javier Reverte. Para no dejar de lado uno de mis temas favoritos, la Guerra Civil, escogí una biografía novelada, huyendo de ensayos y obras más sesudas. En este caso, Reverte novela la vida de Juan Modesto, uno de los generales de la República más célebres, y que tuvo un papel protagonista en diversas operaciones de la guerra. Al igual que con La Forja de un Rebelde, de Arturo Barea, presenciar los eventos históricos desde el punto de vista de una persona que participó en ellos los hace más vívidos, más cercanos. La vida de Modesto es buena semilla para una gran historia, pero creo que el autor cae en cierta complacencia con el personaje.
  • Manual de vida, de Epicteto. Algún clásico tenía que haber y, dadas las circunstancias, tras la lectura de Cómo ser un Estoico, le tocaba el turno a Epicteto. En realidad, el filósofo no dejó ninguna enseñanza escrita, sino que el Manual, o "Enquiridion", son las notas de su alumno Arriano. Alguno de sus aforismos son claros como el cristal; otros, oscuros, como cuando hace referencia a lo "divino", o la "divinidad", sin definirla. Reconozco que Epicteto me dio algún bofetón de realidad cuando hacía falta; un "zasca", como diríamos coloquialmente estos días. En otros casos, su dureza me decepcionó: sencillamente, uno no puede permanecer tan impasible ante la muerte de un familiar. Ante Epicteto, siento que sólo hay dos posibilidades: o ser Dios, o ser piedra.
  • La teoría del todo, de Stephen Hawking. Justo había comprado este breve libro antes del desafortunado accidente, y lo acabé después en el hospital. Una decepción: en una prosa ágil y accesible a la lectura, te explica asuntos bastante complejos de la física fundamental como si realmente los estuvieras entendiendo, y todo ello con una bien disimulada, o quizá no tan bien, pátina de autopromoción académica. Lo bueno del libro es que me dejó con ganas de saber más de estos temas.
  • Purgatorio, de Jon Sistiaga. Otro regalo, esta vez de mi hermano Enrique y su mujer Eva, que me llevaron en su visita a Toledo. Estaba claro que se iba a trata de una novela de ensayo, en la que, con un argumento y una profundidad literaria más o menos sólidos el autor nos iba a desplegar cuáles eran sus puntos de vista sobre el por qué y el como del nacimiento, desarrollo y desaparición de la organización terrorista ETA. Así fue, pero reconozco que la novela es correcta, y la trama de novela negra es interesante aunque relativamente predecible: no diré que sabía cómo iba a terminar, pero sí que, a cada paso, sabía cuál iba a ser el siguiente. Las tesis del autor sobre ETA, eso sí, creo que son, en estos tiempos, lugares comunes.
  • Data Mesh, de Zhamak Dehgani. Libro profesional, de trabajo. Es el cimiento fundacional de toda una corriente de pensamiento sobre las arquitecturas de datos que está desencadenando nuevos proyectos IT en muchas organizaciones. En este sentido, es como un libro de texto: hay que leerlo sí o sí, va con la profesión. En otro orden de cosas, su estilo de escritura es tan aséptico, neutro y denso que cuesta mantener una lectura a tope de concentración más allá de quince minutos. Creo que los libros técnicos de tecnologías de la información, si no son obras de referencia, y sobre todo si son de arquitectura, tienen un desafío por delante para facilitar su lectura y comprensión.
  • ¿Cómo pudo ocurrir?, de Julián Marías. El prestigio de Marías como filósofo en este país está claro; y su voz como intelectual ha sido siempre escuchada hasta su muerte. En este pequeño ensayo intenta dilucidar los motivos por los que este país se metió solo en el laberinto de muerte y dolor que fue la Guerra Civil. El hecho de que Marías fuera soldado del ejército republicano da todavía más interés a la obra: no es el análisis frío de alguien ajeno al conflicto. Creo que da claves acertadas sobre lo que provocó la guerra. Lo que quizá me falta son propuestas políticas para evitar que se repita: todo se fía a recordar el pasado sin que nos condicione. Ah, y la expresión "los justamente vencidos, los injustamente vencedores", me parece un retruécano lingüístico para poner en una tierra intermedia que no hace justicia lo que sucedió.
  • Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway. Conseguí una edición de bolsillo en un mercadillo montado por la biblioteca de pacientes del hospital. Esta obra logró que muchas personas en el mundo, sobre todo estadounidenses, conocieran nuestro conflicto y se interesaran por él. No puedo juzgar a Hemingway como escritor en su conjunto, pero puedo decir que esta novela no es de una gran calidad literaria, quizá por culpa de la traducción; por otro lado, es una historia que capta la atención del lector y le mantiene en vilo hasta el desenlace final. Hemingway, a través del protagonista y las historias del resto de personajes, intenta dar una imagen personal, honesta, de cómo éramos (¿somos?) los españoles como pueblo y qué fue la Guerra Civil para este país, en el frente y en la retaguardia
  • El hombre en busca de sentido, de Víctor Frankl. Tantas veces recomendado, tantas veces referenciado en otras obras y en charlas sobre psicología y motivación... Si tenía que darle una oportunidad, era en estos momentos. Es un librito pequeño en tamaño, pero grande en profundidad y, también, en alcance. La primera mitad, sobre lo que mueve a los hombres y les hace sobrevivir en las peores circunstancias, basándose en la propia experiencia del autor en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, es demoledora. La segunda mitad, que parte de la anterior para explicar los orígenes de la escuela de psicología fundada por Frankl, la logoterapia, es también absorbente, aunque no disipó algunas de mis dudas sobre la psicología y la psicoterapia: me parece una profesión muy delicada, al mismo nivel que un neurocirujano, y muy preparada para diagnosticar, pero no para "sanar".
  • La ciencia de la Ciencia Ficción, de Manuel MorenoJordi José Pont. Un librito que me regalaron después de una visita al CaixaForum en Madrid (yo no hice la visita, obviamente). Si te gusta el género, se lee con placer y agilidad. Como era de suponer, es una sucesión de casos en los que las películas de ciencia ficción abusaron de algunos conceptos científicos por el bien de una historia emocionante. Eché de menos alguna explicación más profunda de algunas cuestiones interesantes.
  • Neurociencia del cuerpo, de Nazareth Castellanos. Para mí, una idea buena materializada en un libro fallido, por diversos motivos, pero, sobre todo, por dos: la pretensión de profundidad intelectual, que llena la obra de citas y referencias traídas por los pelos, y una inquietud de espiritualidad, como algo inasible por la ciencia, antes y ahora, que le pone a todo una pátina de new age. Aunque pueda estar de acuerdo con sus tesis, creo que merecían un desarrollo ensayístico más sólido (lo de Descartes bajando del tren para visitar a Pascal fue la gota que colmó el vaso).
  • La edad de la penumbra, de Catherine Nixey. Éste lo había empezado a leer a ratos antes del accidente: se me hizo cuesta arriba, y sólo logré finalizarlo a mi regreso a casa tras la hospitalización. El ensayo se hace prolijo y repetitivo ya apenas en el capítulo 2: a partir de ahí, "point taken", como dicen los ingleses, y el resto es sólo acumular evidencias que respalden la tesis de la autora. Siento que es, sin embargo, un libro sincero, cuya longitud y detalles vienen del profundo conocimiento de la autora. Es una pena que las 300 páginas sean un estándar actual para la no ficción, porque con 150 este libro hubiera sido redondo. También es cierto que otras, obras con muchas más páginas, resultan apasionantes: ejemplo, Pompeya, de Mary Beard. 
Además, hubo libros de índole profesional que sólo enumeraré aquí. Aunque su lectura se me hizo árida en el hospital, intenté mantenerme al día en mi campo de trabajo gracias a ellos:
  • Data Mesh, de Zhamak Dehghani.
  • Team Topologies, de Matthew Skelton y Manuel País.
Mientras todo el proceso de recuperación continua una vez fuera del hospital, nuevos libros vienen a ser las siguientes etapas de este viaje interior. Serán compañeros de camino en un proceso que sigue siendo incierto y que, además, supondrá un antes y un después con realidades diferentes. Seguiremos navegando.


sábado, 16 de julio de 2022

Antígona, de Sófocles

Diversos referentes intelectuales a los que sigo en redes sociales me llevaban, una y otra vez, a George Steiner. Destacaban su cultura extensísima, su acertada crítica, su elegante narrativa... y tantas otras cosas. Así que me la jugué con su "Antígonas", uno de sus ensayos más destacados, sobre un tema que permea la cultura occidental desde sus raíces griegas: el conflicto entre el estado y el individuo, por intentar decirlo de manera muy sintética, materializado en el drama "Antígona" de Sófocles.


He de reconocer que fui ampliamente superado. Constantes y detalladas referencias bibliográficas, de todo tiempo y autor, con profundas reflexiones, reseñas en francés, alemán y cómo no, en griego... y un primer capítulo basado sobre todo en el análisis de la obra original por Hegel y Fichte, me pusieron en mi sitio. Lo intenté varias veces, con el ánimo de obtener todo lo posible de la sabiduría de Steiner, pero llegué a un punto en el que era el orgullo, más que el hambre de saber, quien realmente me motivaba a continuar.

Pensé que mi error fue acercarme a la obra de Sófocles en segunda derivada, desde un ensayo escrito aproximadamente dos mil quinientos años después de su estreno, en vez de disfrutar primero de su lectura sin exégesis ninguna. Y la verdad es que su lectura ha sido muy enriquecedora, acompañada por un prólogo de María Rosa Lida que ayuda a la comprensión de sus matices. 

Antígona, hija del rey Edipo, hermana de Ismena, Etéocles y Polinices, toma la decisión de dar correcta sepultura a Polinices en contra de la orden de Creonte, reciente tirano de Tebas, que había dictaminado dejar su cadáver a las alimañas. Polinices había intentado conquistar Tebas con la ayuda de sus aliados argivos contra su hermano Etéocles, sin éxito, y encontrando la muerte en la batalla; de ahí el castigo de Creonte. Al oponerse a su orden, Antígona sabe que será condenada a muerte, pero considera más elevada la ley de la familia que la de la ciudad, personalizada en la voluntad del tirano.


Curiosamente, no me queda clara la justificación de Antígona para sus actos: en la primera parte de la obra, parece acogerse a la tradición y al amor a la familia en contraste con la razón de estado siguiendo un argumento que siento humanista. Sin embargo, a medida que avanza la obra, tanto la protagonista, como otros personajes y el propio coro, cada vez hacen más uso del argumento de la voluntad trazada por los dioses, contra la que poco puede hacer nadie, ni siquiera un tirano que se considera cargado de razón, sin encontrar su propia desgracia.

Me gustaría pensar en una Antígona más individualista, defensora de la familia y, también, de su propio criterio; recurrir a los dioses para su heroico acto es deslocalizar los motivos, llevarlo fuera de sí, volver a ser títeres de una comedia cuyo hilos manejan otros sin parar en el sufrimiento humano.

¿Alguna vez podré volver al ensayo de Steiner con la mochila cargada de todas las herramientas necesarias, y la motivación necesaria? Si se interponen los idealistas alemanes, creo que no. Tendremos que visitar otras costas en este periplo, que nos proporcionarán otras riquezas distintas.

sábado, 9 de julio de 2022

La forja de un rebelde: (III) La Llama, de Arturo Barea

Tercer tomo y último de la trilogía. Empieza con una mudanza familiar al pueblo de Novés, y acaba con la salida de Francia de Barea y su pareja tras haber huido en los últimos episodios de la Guerra Civil Española.

Curiosamente, siendo el libro que trata pasajes más dramáticos para el escritor, su lectura no me ha llegado a llenar como los tomos anteriores: probablemente, porque conocía con antelación la historia que cuenta. Hay cosas comunes: las mismas faltas lingüísticas y los mismos personajes arquetípicos, tan perfectos en su perfil que parecen personajes de juegos de rol, por ejemplo. También el episodio de Novés suena extraño: mover a la familia en bloque a un pueblo de Toledo sin ningún arraigo previo, manteniendo el trabajo en Madrid, a más de dos horas de transporte penoso, no parece una decisión racional. Cierto es que así se le simplificaban las cosas a Barea con su amante, pero, igual que hay personajes tallados a medida, la historia de la familia en Novés parece creada para explicar cuál era la dinámica social en cualquier pueblo de España en esos años. En todo caso, se podría considerar veraz y, de ser cierta al cien por cien, sin duda demostraría que la mecha del conflicto estaba ya prendida casa a casa, localidad a localidad.

El relato se vuelve frenético, acuciante, tanto en el comienzo del conflicto en julio de 1936, como en la defensa a la desesperada en Madrid en noviembre, tras la huida del gobierno a Valencia. Hay una pulsión especial en contar estos acontecimientos en primera persona, con la credibilidad y la memoria de haber sido parte de ellos, de haberlos vivido en sus carnes. Aunque conocía de sobra los eventos de aquella  defensa numantina e improvisada, sólo en esta obra he percibido el milagro de heroísmo, azar y voluntad colectiva que fueron aquellos momentos.

Cuando Barea brilla más como escritor es describiendo sus penosos días en el edificio de Telefónica como censor de la prensa extranjera en Madrid, y su enamoramiento de Ilsa Kulcsar, que le acompañaría en el exilio y se acabaría convirtiendo en su segunda mujer. Hay pasajes de introspección psicológica que, aunque desesperan porque ralentizan la acción en pasajes intensos, muestran un escritor más maduro, con más recursos y mayor expresividad.

Otro aspecto de la guerra que conocía era la toma del control de los resortes internos del gobierno por el partido comunista, especialmente por los comisarios enviados por la Unión Soviética, en la segunda mitad de la guerra. Mi opinión es que Negrín asumió esto como un mal necesario para contar con los recursos soviéticos y la estructura que proporcionaba a las fuerzas militares republicanas; se trataba de  aguantar a toda costa para llegar hasta la gran Guerra, inexorable, que iba a involucrar a todas las potencias europeas. Una apuesta que no tuvo éxito, como sabemos. El caso es que, con esa toma de control, tanto Arturo como Ilsa caen en desgracia dentro del aparato del gobierno, y viven una serie de difíciles circunstancias que les hacen viajar a Valencia y a Alicante, primero, y exiliarse a Francia y a Inglaterra, después.

Hacía tiempo que tenía pendiente leer una historia personal sobre la Guerra Civil, y Arturo Barea me la ha brindado, junto con muchos precedentes históricos de este país en las décadas previas a través de su autobiografía. Su relato es transparente: las opiniones personales del autor son claras, y no busca convencer ideológicamente al lector. Por todo ello: gracias, don Arturo. Y pensar ya en la siguiente obra sobre nuestra Guerra: puede que Max Aub sea el siguiente elegido.


sábado, 18 de junio de 2022

Las sombras de la mente, de Roger Penrose

A veces hay que saber dejar un libro. Aunque te esté gustando, aunque sepas que te puede ofrecer algo más de lo que has obtenido hasta ahora, aunque muchas cosas buenas estén por llegar... pero, sencillamente, hay un punto en el que no tiene sentido continuar.

Y esto es lo que me ha pasado con esta abrumadora, intelectualmente masiva, inabarcable obra. Roger Penrose es un físico, matemático y filósofo inglés de prestigio mundial. Por sí mismo ha hecho avanzar campos como el álgebra, la física teórica y la astronomía. El trabajo y los resultados de Stephen Hawking descansan en los progresos de Penrose en estos campos, por ejemplo.

La propuesta de Penrose acerca de una comprensión científica de la consciencia descansa en dos hechos iniciales:

  • El teorema de Gödel, lato sensu, afirma que ninguna teoría matemática formal es a la vez consistente y completa. Es decir, si los axiomas de dicha teoría no se contradicen entre sí, entonces existen enunciados que no se pueden probar ni refutar a partir de ellos. Esto tiene relación con la computabilidad de muchos problemas matemáticos, esto es, sobre la capacidad de una máquina para poder resolverlos. Sin embargo, a pesar de que sabemos que nuestro pensamiento matemático va más allá de un sistema consistente y completo, y de lo que puede ser computable, seguimos pensando el mundo que nos rodea justo con esos límites: todas nuestras teorías físicas que explican nuestro mundo son computables, y descansan sobre los sistemas matemáticos que sabemos lógicamente "incompletos", por decirlo informalmente.
  • Toda explicación sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestros sistemas nerviosos se basa en la física clásica, a pesar de que ya sabemos que necesitamos ir más allá para poder explicar nuestro mundo, tal y como nos cuenta la física cuántica. A pesar de ello, si nos limitamos a la mecánica clásica, nuestros intentos para hacer sistemas realmente inteligentes sólo podrán ir en la dirección de masificar los recursos empleados, utilizando millones de unidades en redes neuronales artificiales; y aun así, nada nos indica que, de esta manera, podríamos alcanzar algo parecido a una conciencia artificial.
Penrose es un científico total, y como tal, no se conforma con partir de estas premisas en su ensayo: dedica varios capítulos, densos y concienzudos, a plantear sus alternativas y explorar sus consecuencias. Por ejemplo, se recorren con profusión las relaciones entre computabilidad y el teorema de Gödel, y se habla de muchos experimentos y efectos cuánticos, algunos teóricos y otros comprobables empíricamente.

Si estas dos son las premisas de partida, ¿cómo llegamos a una explicación de la conciencia? Por ir directamente a la conclusión: hay unas estructuras en las células, los microtúbulos, de los que sólo conocemos con profundidad su función como unidades básicas del citoesqueleto, el armazón de las células. Sin embargo, tienen muchas otras funciones, como el transporte de elementos de la célula, y su participación en la mitosis y meiosis.


Pero, además, al parecer tienen una función específica en las neuronas, más allá de la estructural. Por ejemplo, se sospecha que el motivo de que haya tanta sustancias, químicamente muy diferentes, que sean capaces de afectar a la consciencia (pensemos en los anestésicos) viene provocado por su impacto en el citoesqueleto de las neuronas. Pero donde Penrose da el auténtico salto es cuando propone que la participación de tal citoesqueleto en las sinapsis entre neuronas a un nivel cuántico es la que, biológicamente, genera la "consciencia". Reconoce con humildad que tal afirmación supone la existencia de un salto radical a lo largo de la evolución de las especies, pero encuentra, en su criterio, más argumentos a favor que en contra de tal afirmación.

Y hasta aquí puedo afirmar. He disfrutado enormemente de la lectura de algunos capítulos sobre computabilidad, que refrescaron lo que estudié en la universidad, y también de otros capítulos sobre física cuántica, que me mostraron hasta qué punto supone un modo de pensar distinto sobre nuestra realidad. Pero también ha habido capítulos enteros que no me he sentido preparado para procesar, por conocimiento o por falta de tiempo.


Por eso dejo este libro, sin haberlo leído completamente, pero con una gran satisfacción. He aprendido muchas cosas nuevas, ha ampliado mi modo de ver el mundo, y me ha dado nuevas vías para seguir creciendo. Chapeau, doctor Penrose!